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200 años del genio atormentado que sigue iluminando la noche


“Los hombres cierran los ojos y los oídos a todas las pruebas que los contradicen con tal de sustentar sus construcciones lógicas”, escribió Fiódor Dostoievski en uno de sus diarios de escritor. Su obra –de innegable influencia en la literatura pero también en el psicoanálisis, la sociología y hasta la ciencia– trae el eco constante de los clásicos; es decir, de quienes escribieron en una época para alumbrar todas las posteriores.

Hace 200 años, el 11 de noviembre de 1821, Dostoievski nacía en Moscú; en el año del bicentenario de su nacimiento también se conmemoran los 140 años de su muerte ocurrida el 9 de febrero de 1881, a los 59 años, en San Petersburgo.

Fue el segundo de siete hijos nacidos del matrimonio entre Mijail Dostoievski y su esposa María. En 1843 acabó sus estudios de ingeniería, adquirió el grado militar de subteniente y se incorporó a la Dirección General de Ingenieros en San Petersburgo.

El diario de Dostoievski. Foto EFE

El diario de Dostoievski. Foto EFE

El 23 de abril de 1849 fue arrestado y encarcelado bajo el cargo de conspirar contra el Zar Nicolás I. Dostoievski tendría que situarse frente un pelotón de fusilamiento e incluso escuchar sus disparos con los ojos vendados, pero su pena había sido conmutada por cinco años de trabajos forzados en Omsk, Siberia. Estas experiencias son el trasfondo del espíritu trágico que atraviesa su obra.

En su realismo no se detuvo en las facetas más oscuras del espíritu humano por ser un espíritu torturado sino porque, a pesar de todo, buscaba encontrar la belleza que late en el corazón del hombre. Desde el punto de vista formal, un gran aporte que realizó para la novela moderna es situar al narrador dentro de la obra, quebrando la idea de un narrador omnisciente.

​Homenajes

Este año se realizaron muchas actividades alrededor de la figura de Dostoievski. Hubo mesas redondas, conferencias, encuentros y exposiciones que se desarrollaron y lo siguen haciendo en modalidad virtual. De hecho, muchas de estas actividades a lo largo del mundo fueron impulsadas por The International Dostoievski Society, formada hace 50 años.

Con gran sentido del humor, estos especialistas de diversas nacionalidades (incluida Argentina) celebrarán un cumpleaños virtual de Dostoievski con lecturas y un brindis para el cual recomiendan preparar el trago Sonya (una combinación de vodka y otras bebidas), cuyo nombre está inspirado en un protagonista de Crimen y castigo.

Alejandro González, el presidente de la Sociedad Argentina Dostoievski define al escritor como “el último gran genio en términos de grandeza literaria y filosófica (después cuesta encontrar escritores de ese calado). Dostoievski está a la altura de un Dante, un Shakespeare, un Goethe”.

La asociación que dirige González –eslavista, traductor, distinguido con el prestigioso Premio Lee Rusia / Read Russia por la traducción de El doble de Dostoievski para la editorial Eterna Cadencia– coorganizó, junto con el Grupo de Investigación «Eslavística, caucasología y tipología lingüística», la Biblioteca del Hospital Real y la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, la exposición bibliográfica La belleza salvará al mundo, donde se exponen las obras de Dostoievski existentes en los fondos de la Biblioteca de la Universidad de Granada y en fondos privados.

Retrato del escritor ruso Fiodor Dostoievski. Foto EFE

Retrato del escritor ruso Fiodor Dostoievski. Foto EFE

Respecto a la influencia que ha tenido el escritor ruso en la literatura argentina, el experimentado traductor marca dos referencias claras: la de Roberto Arlt en la primera mitad del siglo XX y la de Ernesto Sábato en la segunda mitad.

En esto coincide con el crítico José Amícola, quien se doctoró en 1982 en Alemania con una tesis sobre Roberto Arlt y publicó en 1995 Dostoievski. Polifonía y disonancia. “Hay tres puntos en Dostoievski: la polifonía por una parte, y relacionado con este aspecto formal la cuestión de la escucha de los discursos sociales y una tercera, la más fabulosamente difundida en todo el mundo es la versión del alma torturada del individuo”.

En este sentido, en opinión de Amícola, “Roberto Arlt asumió todos los lineamientos de Dostoievski. La polifonía es esa capacidad de hacer escuchar las diferentes voces y con diferentes escuchas, por ejemplo, los anarquistas, la derecha y los fascistas”.

Mural en el Museo de Arte Moderno de Krasnoyarsk: Dostoievski y Alexander Solzhenitsyn. Foto REUTERS/Ilya Naymushin

Mural en el Museo de Arte Moderno de Krasnoyarsk: Dostoievski y Alexander Solzhenitsyn. Foto REUTERS/Ilya Naymushin

Por su parte, Sábato también articular mecanismos narrativos e incluso filosóficos en su escritura, especialmente con su primera novela El túnel y luego, también con Sobre héroes y tumbas.

Pero por supuesto que el escritor ruso está asociado también a las grandes voces mundiales. Kafka sentía una gran conexión con Dostoievski y le leía fragmentos a su amigo Max Brod. James Joyce también se deshacía en elogios hacia el clásico ruso: “… es el hombre que más ha hecho por la creación de la prosa moderna”.

Virginia Woolf escribió que sus novelas son “una vorágine que te hace hervir la sangre, tormentas de arena que giran, una tromba que sopla, hierve y te traga. Están compuestas totalmente por el material del que está hecha el alma”. A autores como Gabriel García Márquez y Haruki Murakami les encantó en su juventud.

Su influencia

Su influencia se extiende en la obra de Freud, Nietzsche, Sartre e incluso, Albert Einstein, quien afirmaba que Los hermanos Karamazov era su novela favorita. Siguiendo a estos espíritus rupturales e inquietos, hay otros títulos que cualquier buen lector debería tener en su biblioteca: por ejemplo, El jugador o Memorias de la casa muerta, donde recuerda su período carcelario al mejor estilo de no ficción.

Monumento de Fiodor Dostoievski en Moscú. Foto AFP/ Dimitar DILKOFF

Monumento de Fiodor Dostoievski en Moscú. Foto AFP/ Dimitar DILKOFF

Incluso sus diarios de escritor son bellos y accesibles (hasta levemente sardónicos). Y es que si bien Dostoievski está en un umbral de gran complejidad narrativa y formal, no es menos cierto que también ejerció el oficio periodístico: cuando ya era muy conocido, en 1873, fue director de la revista El Ciudadano donde denunciaba las justicias de la Rusia del siglo XIX. Esto le hizo tener en claro que la divulgación como forma de pensamiento no es nada desdeñable.

Como describió William Faulkner: “Lo que hace la literatura es lo mismo que una cerilla en medio de un campo en mitad de la noche. Una cerilla no ilumina apenas nada, pero nos permite ver cuánta oscuridad hay alrededor”.

Dostoievski apostaba, al mismo tiempo, por desarmar la lógica imperante para poder construir, en sus intersticios, nuevas formas de ver el mundo, con sujetos comprometidos en términos personales y políticos. Aún queda mucho por aprender de su genialidad imperecedera.

PC



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