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6.000 dólares desde Guatemala y 15.000 desde Ecuador


Las cifras del tráfico de personas hacia Estados Unidos, a donde pretenden llegar miles de migrantes de Centro y Sudamérica sacudidos por la pobreza y la violencia, demuestran que ya se convirtió en una siniestra industria que deja ganancias millonarias a las bandas de delictivas.

Los últimos datos del Grupo de Acción Inmediata (GAI), una entidad creada por los gobiernos de Estados Unidos, México, Guatemala, Ecuador, Guatemala, Honduras y República Dominicana, revelan que las organizaciones de traficantes obtienen en conjunto cerca de 14.000 millones de dólares al año.

Se considera que estas organizaciones de “coyotes”, también conocidas en México como “polleros” o “enganchadores”, obtienen mayores ganancias que los narcotraficantes.

Una reciente investigación realizada por el GAI a raíz del accidente de un camión remolque en la región mexicana de Chiapas el 9 de diciembre pasado, que dejó 56 muertos, pudo constatar los montos que les están cobrando a los migrantes por trasladarlos en condiciones inhumanas hasta el cruce con Estados Unidos: un viaje desde Guatemala, por ejemplo, sale 6.000 dólares, mientras que el trayecto desde Ecuador llega a 15.000.

Migrantes haitianos hacen fila para registrarse en el albergue en Darién (Panamá). Foto EFE

Migrantes haitianos hacen fila para registrarse en el albergue en Darién (Panamá). Foto EFE

Desbordes

Una suma extrema para familias que se desprenden de cualquier posesión para poder llegar a Estados Unidos, donde pretenden comenzar una nueva vida, lejos de la pobreza, la violencia y la desesperanza en sus países.

El fenómeno migratorio se ha desbordado en México, reflejando la incapacidad de atender la problemática por parte de las autoridades. El gobierno ha cosechado enormes críticas por su trato a los migrantes y el despliegue actual de decenas de miles de efectivos de las Fuerzas Armadas en las fronteras norte y sur para tareas de control, como parte de la cooperación en materia migratoria con Estados Unidos.

Algunos analistas atribuyen a la gran vigilancia de las autoridades de ciertas rutas migratorias el hecho de que muchos extranjeros busquen hoy nuevas rutas y vías, a menudo más peligrosas, para cruzar el país, algo que es aprovechado por las organizaciones de “coyotes”.

La región vive indudablemente una crisis migratoria sin precedentes. Las autoridades mexicanas han interceptado a 228.115 migrantes y deportado a 82.627 de enero a octubre de 2021, números no vistos en más de 15 años. Además, 123.000 migrantes han solicitado refugio en los primeros once meses del 2021 en México, otro récord absoluto, pues en años anteriores se llegaba a unas 40.000 peticiones.

El cruce del Río Bravo, entre México y Estados Unidos. Foto Reuters

El cruce del Río Bravo, entre México y Estados Unidos. Foto Reuters

El restablecimiento del programa estadounidense «Quédate en México», que obliga a los extranjeros a esperar en México mientras una corte evalúa su solicitud de asilo, ha sido recibida con enorme decepción y preocupación entre la comunidad migrante y activistas.

Los viajes

Los viajes organizados por traficantes de personas son ultrajantes y duran hasta dos días. Pese a que cubren cientos de kilómetros, pocas veces son detectados por la policía.

«Doy gracias a Dios que nos trajo con vida, porque es una pesadilla venir en esos tráileres«, cuenta la hondureña Cecilia Hernández, de 39 años, en un albergue de la fronteriza Ciudad Juárez (norte de México), adonde llegó tras ser deportada en noviembre desde Estados Unidos.

El caso de Cecilia es emblemático. Refleja lo que viven muchos centroamericanos. Fue deportada dos veces de Estados Unidos en noviembre tras ingresar ilegalmente desde Reynosa (Tamaulipas, noreste), adonde llegó con tres hijos de 2, 4 y 16 años en un camión atestado.

«Mucha gente se desmayaba, los niños también. Mucha gente se desnudaba porque nos estábamos ahogando» de calor, señala la mujer en la litera donde duerme.

El viaje duró dos días. «Nos prensaban como animales, encerrados. Había aire (acondicionado), pero después se apagó y todo mundo quería salir, pero no se podía. Ahí estás como secuestrado», apunta. La «angustia» era tal que su hijo y otros pasajeros comenzaron a hacer huecos en la cabina para poder respirar.

Luego fueron abandonados en una zona desértica donde pasaron tres noches, contó la mujer, quien tiene otros dos hijos en Estados Unidos desde 2019 que han pagado miles de dólares a los «coyotes» para que el resto de la familia pueda pasar. El de 16 años cruzó solo recientemente.

Otro reflejo de la tragedia que padece la región son las caravanas migrantes, grupos de personas que salen juntas para enfrentar así a las autoridades y eludir a las bandas de coyotes.

Desde que comenzó el fenómeno en otoño de 2018, varios contingentes han intentado llegar hasta la frontera norte mexicana, la mayoría partiendo de Centroamérica.

En septiembre hubo cuatro intentos de caravana que fueron frustrados por las autoridades pocos kilómetros después de salir de Tapachula, municipio mexicano fronterizo con Guatemala.

Pero hace mes y medio partió una caravana desde ese mismo punto que, tras más de mil kilómetros, está a punto de llegar a la capital del país, donde buscarán regularizar la situación.

Este contingente empezó siendo de varios miles de extranjeros y ahora, exhaustos tras el largo camino, es de apenas varios centenares.

Fuente: EFE, AFP y AP

PB​



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