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¿Cuál es la relación entre dolor y estado de ánimo?


Pregunta: Desde hace mucho tiempo tengo dolores de cuerpo que me torturan de día y de noche. Consulté con clínicos, traumatólogos y reumatólogos y tomé analgésicos y antiinflamatorios que solo me produjeron gastritis. ¿Algún consejo? Alejo P. Puente. Paraná, Entre Ríos.

En la actualidad, pocos dudan de la directa relación que existe entre el sistema nervioso, el estado de ánimo y ciertos dolores físicos y lo que era una antigua presunción ya es un vínculo confirmado por la neurociencia.

Muchas personas padecen frecuentes dolores –de cabeza, de espalda, de cuello, de piernas, de articulaciones– que no ceden ante tratamientos con analgésicos, antiinflamatorios, masajes o acupuntura y la explicación que habitualmente recibe quien tanto sufre es: “Usted no tiene nada”.

Sin embargo, es importante conocer que la vinculación entre lo anímico y lo físico se establece –entre otros– a través de un importante mecanismo neuroquímico del cerebro, llamado sistema opioide, que produce las endorfinas, sustancias con acciones semejantes al opio y la morfina, pero producidos de manera natural por el cerebro.

El dolor físico y la tristeza en los humanos comparten los mismos senderos neurológicos. / Archivo Clarín

El dolor físico y la tristeza en los humanos comparten los mismos senderos neurológicos. / Archivo Clarín

El sistema opioide tiene dos funciones importantes:

1) Protege contra el dolor.

2) Es necesario para tener un buen estado de ánimo.

Se ha comprobado con la tomografía por emisión de positrones –que mide los cambios químicos del cerebro– que cuando disminuye el funcionamiento de este sistema aparecen o se exacerban los dolores corporales y se producen bajones anímicos.

Ya hace años Jaak Panksepp, del Centro de Neurociencia, Mente y Comportamiento de la Universidad Bowling Green State (EE.UU.) afirmó: “El dolor físico y la tristeza en los seres humanos, comparten los mismos senderos neurológicos”.

 La vinculación entre lo anímico y lo físico se establece –entre otros– a través de un importante mecanismo neuroquímico del cerebro, llamado sistema opioide. 

Norberto Abdala, médico psiquiatra

Y se constató que una región cerebral –la corteza cingular anterior– se activa de manera intensa tanto cuando llega una señal de dolor desde el cuerpo, como cuando existen estados emocionales negativos.

Implica que no es lo mismo padecer un dolor de cabeza con un buen estado de ánimo que un dolor de cabeza con una fuerte carga de tensión o tristeza. En este último caso, el dolor es más intenso, persistente y rebelde a los tratamientos convencionales, ya que la zona cerebral mencionada está doblemente activada: por la vía del dolor físico y por la vía del estado emocional.

No es lo mismo padecer un dolor de cabeza con un buen estado de ánimo que  con tristeza. Foto Shutterstock.

No es lo mismo padecer un dolor de cabeza con un buen estado de ánimo que con tristeza. Foto Shutterstock.

La sensación térmica del dolor

En consecuencia, la “sensación térmica” del dolor es mayor.

También se ha comprobado que los estados de estrés, angustia o depresión producen una marcada desactivación del sistema opioide con la consecuente aparición de dolor. Y a su vez, el menor funcionamiento del sistema opioide desencadena estados de tristeza, ansiedad o desasosiego, produciéndose así un círculo vicioso de realimentación del problema dolor-estado de ánimo.

“Pensar positivamente puede ser tan eficaz para aliviar el dolor como una inyección de morfina” expresó Tetsuo Koyama, del Departamento de Neurobiología de la Universidad Wake Forest (EE.UU.).

El conocimiento de estas investigaciones permite comprender nuevos mecanismos subyacentes en la génesis del dolor, de tal forma que resulta posible encontrar recursos terapéuticos duales para resolver ambos mecanismos de manera simultánea.

Aunque es habitual asociar la depresión a la tristeza, en la depresión posmoderna ésta se ha corporizado y con frecuencia se expresa con rebeldes dolores corporales.

E.M.



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