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de proscripto a ser una pieza de museo


Juan Manuel Díaz es uno de los argentinos que esparcen su talento en las grandes ligas de la industria automotriz europea. Este rosarino les puso la impronta y el sello a grandes autos, fácilmente reconocibles: Alfa Romeo MiTo surgió de su primera etapa en el viejo mundo, y de la actual se ufana de ser el padre (entre otros) del Audi R8 Spyder o la bestia híbrida que la misma marca alemana aprestó para su debut en el Rally Dakar, el RS Q e-tron, “un OVNI”, como él mismo la definió.

Las luces del éxito apuntan a estos modelos que figuran en el currículum de Díaz. El MiTo fue Auto del Año europeo en 2009; el R8 Spyder saltó a la fama como el bólido que en Hollywood manejaba Iron Man; o el R8 LMS GT2 es una descomunal criatura con estirpe de competición pero forjado para las calles.

La Alfa Romeo Diva el día de la presentación en el museo de la marca.

La Alfa Romeo Diva el día de la presentación en el museo de la marca.

Pero hay una gema escondida en sus alforjas que tiene el sabor de lo prohibido, que se gestó en secreto y en contra de la decisión de la propia marca en la que estaba trabajando. Un auto proscripto que, con el paso del tiempo, logró el status de pieza de museo para ser admirada como lo que es: una obra de arte.

Es la historia de la Alfa Romeo Diva. Un auto forjado a mano y con los métodos de la vieja artesanía automotriz, al que Alfa negó, pisó, escondió, prohibió, despreció y, varios años más tarde, reconoció con un lugar en su propia exposición de clásicos que la marca italiana tiene en la ciudad de Arese, situada apenas unos pocos kilómetros al norte de Milán y vecina con Monza, la meca de la velocidad.

La única unidad de la Diva  construida.

La única unidad de la Diva construida.

En el Museo Alfa Romeo descansa desde principios de 2020. La propia compañía anunció especialmente el descubrimiento de un auto “que había pasado varios años guardado en un depósito”. Díaz, quien inició su carrera europea en Alfa, se sorprendió con la presencia de la Diva en un lugar reservado para los grandes íconos de la compañía fundada en 1910. Tiene argumentos para haber fundado tanto escepticismo.

La Diva, un auto bello y proscripto

La reivindicación le llegó 14 años después de mucho maltrato al auto que tuvo que ser trabajado en secreto, con viajes de incógnito, intensas jornadas con poco descanso y lejos de la fábrica o las oficinas de Alfa Romeo, porque nadie de la compañía debía enterarse de la existencia del proyecto que estaba en marcha, un grito de rebelde desobediencia que se llamó Diva.

Juan Manuel Díaz, uno de los argentinos que triunfa en la industria automotriz europea.

Juan Manuel Díaz, uno de los argentinos que triunfa en la industria automotriz europea.

Juan Manuel Díaz nació en mayo de 1974. Antes del siglo 21, con apenas 24 años ya estaba probando suerte en Europa. Una pasantía en Renault, un training en Pininfarina y la gran oportunidad de sumarse a Alfa Romeo, convocado por el alemán Wolfgang Egger (el mismo que años más tarde se lo iba a llevar a Audi).

En 2002 hizo los trazos del MiTo, aunque el proyecto estuvo frenado hasta 2005. Cuando finalmente resurge el mediano compacto, y estaba verdaderamente desbordado, en noviembre de 2005 le surge una inquietante propuesta.

Díaz contó que en Suiza trabajaron cuatro días en forma incansable con la Diva.

Díaz contó que en Suiza trabajaron cuatro días en forma incansable con la Diva.

El rosarino fue parte de un equipo que se instaló en la ciudad suiza de Grandson, donde el prestigioso carrocero Sbarro tiene su sede. Lo llevó el polaco Zbigniew Maurer, uno de sus jefes en aquellos tiempos y quien se encargó en 2020 de presentar a la Diva en el Museo de Alfa Romeo.

Se fueron en silencio para trabajar en forma incansable durante cuatro días con el propósito de terminar “la 33”, el nombre interno del prototipo que tenía la Diva.

Juan Manuel Díaz, con 31 años por entonces, trabajando en el interior del auto.

Juan Manuel Díaz, con 31 años por entonces, trabajando en el interior del auto.

El Departamento de Marketing la compañía no la quería. Al proyecto de la Diva (que había iniciado Filippo Pierini, por entonces emigrado a Lamborghini) lo habían vaciado de presupuesto (justamente, Alfa Romeo no pasaba por una época de bonanza económica). Se lo tenía que trabajar con lo que tuvieran a mano. Y a mano, literalmente.

“Me pidieron suavizar las líneas del modelo original. Trabajamos en yeso, a destajo. Estuvimos cuatro días para modificar un lateral, el posterior estaba incompleto, había que rehacer el techo porque tenía un corte de ventana distinto. Empezamos un lunes y teníamos hasta el jueves al mediodía para completarlo”, contó Díaz.

Juan Manuel Díaz (izquierda) en 2006, cuando la Diva fue premiada en Villa D'Este.

Juan Manuel Díaz (izquierda) en 2006, cuando la Diva fue premiada en Villa D’Este.

Pese a todo, el rosarino lo definió como “un proyecto soñado”, porque “se hizo de una manera tan artesanal” que le permitió “aprender un montón”. “Era a los bifes, era la artesanía italiana de los años 80, me sentí así. Imaginate que los faros los hicimos cortando 15 caños en formas oblicuas; no existía la tecnología LED todavía”, apunta.

Pese a tanto trabajo, Alfa Romeo lo despreció

Después del trabajo que se hizo en noviembre, Díaz se encargó de darles los últimos retoques a la Diva, sobre todo en el frente, aunque ya bajo la batuta de Egger. En marzo de 2006 fue presentada como prototipo en el Salón de Ginebra aunque dentro del stand de la escuela de Sbarro; Alfa Romeo rechazó el pedido de que la incluyeran en su propio espacio. Al auto le faltaba mucho por hacer todavía, sobre todo en el habitáculo.

La Alfa Romeo Diva exhibida en Ginebra 2006.

La Alfa Romeo Diva exhibida en Ginebra 2006.

Para el otoño europeo siguiente, se la dejó en condiciones de modo que pudiera participar en el Concorso D’Eleganza Villa D’Este, que se realiza a orillas del Lago di Como. Los últimos retoques ya los hicieron en Carrozzeria Touring, una empresa de Milán. Trabajaron el interior “con pedazos de mallas de alambre”, porque la idea no era “volverse locos haciendo la típica modelación en 3D porque tenía que ser un auto de carreras”, explicó el argentino.

El auto fue premiado en Villa D’Este, junto con el Alfa Romeo 8C. La marca ya no la miraba con tanto desprecio, aunque no le iba a resultar sencillo a la Diva lograr el aplauso interno. “Fue un hijo no reconocido, en el museo de Alfa hay modelos de estudiantes y no tenía sentido que la Diva no estuviera allí. Por eso hoy me siento orgulloso, pese a todo”, asume Díaz.

Uno de los bocetos de la Diva firmado por Juan Manuel Díaz.

Uno de los bocetos de la Diva firmado por Juan Manuel Díaz.

No era para menos. Esta coupé biplaza fue un one-off, una edición única que es la misma que descansa en el Museo Alfa Romeo. Tiene 3,9 metros de largo y apenas 1,2 de alto, por lo que resulta un admirable llamador. Dotada con un motor central V6 de 3,2 litros de cilindrada y 290 caballos de potencia, llega a una velocidad máxima de 270 kilómetros por hora.

Durante años la tuvo Elasis, una sociedad de ingeniería del grupo Fiat para desarrollar las nuevas tecnologías digitales y sistemas de control avanzados. La Alfa Romeo 4C, otra bella coupé, es hija de la Diva, aquel deportivo que en el legajo de Juan Manuel Díaz descansa como “el más bizarro”.



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