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de vendedora ambulante a leyenda del atletismo


«Correr es fácil, pero la maternidad es un deporte en sí mismo. Celebra a todas las mujeres de tu vida, se lo merecen!!», tuiteó Shelly Ann Fraser Pryce en mayo de 2021 con motivo del Día de la Madre.

Lo que la jamaiquina hace cada vez que sale a una pista de atletismo puede definirse de muchas maneras, pero no como «fácil». La atleta de 35 años, quien fue madre en 2017, ganó este domingo su quinto título mundial en los 100 metros, prueba que conquistó dos veces en Juegos Olímpicos (Beijing 2008 y Londres 2012).

En total, suma 11 medallas de oro en Mundiales y 8 podios en cuatro JJOO diferentes (tres oros, cuatros platas y un bronce). Una carrera de leyenda, con una historia de vida inspiradora.

Shelly-Ann Fraser completa los 100 metros en 10,67 segundos. AFP/Getty Images/Carmen Mandato.

Shelly-Ann Fraser completa los 100 metros en 10,67 segundos. AFP/Getty Images/Carmen Mandato.

Nació el 27 de diciembre de 1986 en Waterhouse, un gueto de Kingston donde reina la violencia y la extrema pobreza. Se crió en este contexto y su infancia estuvo marcada por diferentes episodios traumáticos como, por ejemplo, el asesinato de su primo luego de un tiroteo entre dos bandos que se disputaban el control del barrio.

Trabajaba como vendedora ambulante para ayudar a su madre, Maxine, y poder tener un almuerzo para llevar a la escuela. Allí tuvo su primer contacto con el deporte que la terminaría llevando al estrellato, corriendo descalza en competencias escolares.

Esa dura infancia le valió para forjar la fortaleza mental que años más tarde la terminó destacando por encima del resto de las atletas de su generación y que sería clave para superar momentos de dificultad.

Ni siquiera los insultos que recibió en Jamaica por eliminar a la legendaria Verónica Campbell de los 100 metros en Beijing 2008 lograron desestabilizarla. Tenía bases absolutamente sólidas e iba a ser muy difícil desenfocarla de sus objetivos, que a esa altura estaban puestos en la gloria deportiva máxima.

Shelly Ann Fraser celebra tras ganar su primera medalla olímpica, los 100 metros en Beijing 2008. AP/Anja Niedringhaus.

Shelly Ann Fraser celebra tras ganar su primera medalla olímpica, los 100 metros en Beijing 2008. AP/Anja Niedringhaus.

Desde que era apenas una niña se ganó el apodó de «Pocket Rocket», debido a su 1,52 mts. de altura y su gran velocidad. Por aquellos años fue vista por Jason Pryce, con quien se casó en 2011 y tuvo a su hijo Zyon. Él fue quien le abrió las puertas para que deje de entrenarse en la calle y pase a hacerlo en el centro de entrenamiento de Stephen Francis.

Y no dejó pasar la oportunidad. A partir de allí, comenzó su crecimiento exponencial. Con tan solo 21 años se consagró campeona olímpica. La atleta caribeña de los cabellos coloridos, que en los Juegos de Beijing 2008 lucía un look un tanto más discreto, obtuvo allí su primer gran triunfo tras ganar en los 100 metros.

Al año siguiente volvió a dominar esa prueba en el Mundial de Berlin, donde también se alzó con la posta 4×100. Era apenas el comienzo de una exitosísima carrera que este domingo escribió un nuevo capítulo dorado en Eugene.

Tras un largo recorrido de entrenar y competir casi sin descanso, se alejó por primera vez del alto rendimiento deportivo cuando fue madre, algo que, más allá de la alegría y emoción que le generó, ella misma describe como muy positivo para su carrera.

«Me vino muy bien parar un tiempo. Llevaba diez años seguidos sin parar y mi cuerpo me pedía una pausa», comentó sobre una de las claves que le permite seguir brillando a los 35 años.

Shelly Ann Fraser junto a su hijo Zyon. REUTERS.

Shelly Ann Fraser junto a su hijo Zyon. REUTERS.

Como si nunca se hubiera ido, regresó con dos títulos mundiales en Doha 2019 (100 metros y posta 4×100) y dos medallas olímpicas en Tokyo 2021 (oro en los 4×100 y plata en los 100 metros). Extraordinariamente longeva, no ha perdido un punto de velocidad desde que regresó al atletismo tras dar a luz en 2017.

«Era importante que este regreso fuera un éxito para demostrarme a mí misma y a otros que es posible superar las barreras», afirmó en su momento. Y agregó: «Estoy contenta de haberme tomado este pausa después de 11 años de competición de alto nivel, que es mentalmente agotador».

«Tenés talento, salí ahí fuera y usalo«, le dijo una vez su madre, una ex atleta que crió sola a Shelly Ann y a sus dos hermanos. Y vaya si siguió el consejo. Construyó una carrera asombrosa que tiene una única mancha: la suspensión de seis meses que recibió en 2010 por un positivo por el opioide oxicodona.

Su legado más allá del deporte

Shelly Ann Fraser creó la fundación «Pocket Rocket», que toma el nombre de su apodo y se encarga de recoger donaciones y recaudar fondos para conceder becas a estudiantes de secundaria de entre 12 y 18 años.

«En la actualidad, un total de 55 estudiantes-atletas (29 chicas y 26 chicos) de 22 escuelas diferentes y 11 deportes distintos han recibido becas académicas», detalla el sitio web de la fundación.

También se involucró en discusiones relacionadas a los derechos de las mujeres. Es embajadora de UNICEF y hace campaña para mejorar las condiciones de los partos en Jamaica y la información sobre la lactancia materna.

Allyson Felix y Shelly Ann Fraser, dos íconos del atletismo y de la lucha por los derechos de las mujeres. Foto: IG @realshellyannfp

Allyson Felix y Shelly Ann Fraser, dos íconos del atletismo y de la lucha por los derechos de las mujeres. Foto: IG @realshellyannfp

A su vez, no le hizo oídos sordos a la denuncia de la velocista estadounidense Allyson Felix, quien expuso a Nike en una columna publicada en el New York Times luego de que la reconocida marca de zapatillas le redujera su contrato en un 70% tras quedar embarazada en 2018.

«Sé que las marcas de zapatillas, cuando las mujeres llegan a cierta edad, quieren disminuir los contratos. Estoy contenta de demostrar que las mujeres (al final de su carrera) siguen cumpliendo», afirmó una orgullosa Fraser-Pryce el domingo.

En relación a esto, a principios de 2022 fue una de las trece deportistas, entre las cuales estaba también Serena Williams, que recibieron 1,3 millones de dólares del gigante Nike (100.000 dólares cada una) para destinarlos a una fundación que promueve la inclusión de las mujeres en el deporte.



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