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Después de un año en la Casa Blanca, Kamala Harris todavía busca su lugar


Si a Joe Biden no le va demasiado bien después de un primer y accidentado año en el despacho oval, a la vicepresidenta Kamala Harris no le va mucho mejor. Los sondeos indican que le va incluso peor, pues sus índices de aprobación (un raso 40% a favor y un 52% en contra) son más bajos que los del presidente.

Pese al fulgor del que disfrutó al tomar posesión, el 20 de enero de 2021 el hecho de ser la primera mujer en el cargo, así como la primera de raza negra y la primera asiática que lo ocupa, no parecen haber jugado a su favor. O al menos no lo bastante como para contrarrestar lo difíciles e ingratas que le están resultando las tareas de las que se ocupa…

Pese a todo, algunos indicios apuntan a que tal vez no todo esté perdido para la ex fiscal californiana, al fin y al cabo candidata número uno a suceder a Biden.

Las dos áreas en las que Harris centra su trabajo son probablemente las más complicadas de todas las que el gobierno afronta: la inmigración y la pugna por defender el derecho al voto, cada vez más socavado para los sectores desfavorecidos en virtud de decenas de leyes estatales –la mayoría republicanas– que ponen trabas al ejercicio del sufragio por parte de obreros fabriles, personas sin vehículo propio o gente con autonomía reducida y poco tiempo libre.

Kamala Harris se reunió con el presidente de México, Andrés Manuel Lopez Obrador, en junio, en una visita para hablar de la inmigración. Foto: AP

Kamala Harris se reunió con el presidente de México, Andrés Manuel Lopez Obrador, en junio, en una visita para hablar de la inmigración. Foto: AP

Un puesto ingrato

La ingratitud del puesto de vicepresidente no es una gran novedad en Estados Unidos. Ya lo dijo el que fue prominente secretario de Estado antes de la guerra de Secesión, Daniel Webster, cuando en 1839 le ofrecieron el cargo y él lo rechazó: “No me propongo ser enterrado hasta que esté realmente muerto y en mi ataúd”.

No todos los vicepresidentes han sufrido en la forma sugerida por Webster. Pero a Harris sí que parece que la hayan estado enterrando, en el sentido político, muchos antes de que fuera razonable darla por políticamente muerta.

Hace poco más de un mes, la CNN publicó una extensa información según la cual “en el círculo de la vicepresidenta se quejan de que no la están preparando o posicionando adecuadamente y, por el contrario, la están dejando de lado”.

La propia Harris habría dicho a varias personas, en privado, que se sentía “limitada en lo que puede hacer políticamente”.

Renuncias y rumores

La vicepresidenta desmintió las tensiones en su departamento y negó sentirse desaprovechada. Pero dos deserciones muy seguidas tras su desmentido reavivaron las noticias sobre el malestar o el desconcierto en su entorno. Primero se fue su directora de comunicación, Ashley Etienne; y, a las dos semanas, su portavoz principal, Symone Sanders.

Ahora nadie duda de que Harris sigue buscando su lugar y su perfil propio en el gobierno.

El que podría ser su competidor en unas primarias a las presidenciales de 2024 si Biden no se presentara, el secretario de Transporte, Pete Buttigieg, declaró hace unos días: “No es ningún secreto que los cometidos que se han encargado a Kamala Harris son increíblemente exigentes: no siempre son bien entendidos y requieren mucho trabajo y habilidad”.

Kamala Harris saluda a Joe Biden tras su asunción, el 20 de enero de 2021. Foto: BLOOMBERG

Kamala Harris saluda a Joe Biden tras su asunción, el 20 de enero de 2021. Foto: BLOOMBERG

En las palabras de Buttigieg se intuía una demanda de justicia que algunos afines a la número dos formularon con mayor claridad.

«Ella fue una gran ayuda para la campaña de Biden. Me gustaría verla empleada de la misma manera ahora, cuando se están implementando las metas del presidente», dijo Mark Buell, uno de los principales recaudadores de fondos de Harris desde sus inicios.

En los últimos días comenzaron a percibirse señales de que Biden y su equipo han entendido el mensaje y se proponen reparar su aparente desatención hacia la vicepresidenta.

Así, desde la Casa Blanca están insistiendo en cómo Harris ayudó a configurar importantes componentes ambientales de la ley de infraestructuras, el proyecto de un billón de dólares que el presidente sacó adelante en noviembre.

Distintos funcionarios del gobierno están elogiando el trabajo de su jefa en Twitter.

Y, frente a su práctica desaparición de la escena en los meses anteriores, hace dos semanas la número dos juntó en pocos días dos grandes anuncios: una inversión de 1.200 millones de dólares procedentes de fondos privados para invertir en Centroamérica y abordar las causas de la migración, y la liberación de otros 8.700 millones para entidades financieras que ayudan a comunidades históricamente desfavorecidas.

Harris empieza así a cobrar protagonismo en relevantes medidas de rescate que, de paso, pueden rescatarla a ella misma.

Fuente: La Vanguardia

CB​



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