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«El establecimiento de normas de bienestar animal debe basarse en el conocimiento científico y no en conceptos antropocéntricos»


Durante el Congreso de la Asociación Argentina de Producción Animal (AAPA) realizado a fines de la semana pasada, en forma virtual, se desarrolló un Simposio de Avicultura organizado coordinado por el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA). El MV Mario Plano, con maestrías en universidades extranjeras, docente invitado de la carrera de Especialista en Avicultura, de la Universidad Nacional de Luján (BA), autor trabajos técnicos sobre avicultura y referente profesionales de la actividad, abordó el tema Bienestar animal con respecto a las demandas sociales, referido a pollos de engorde.

Destacó que el peso del pollo crece 67 veces desde su nacimiento hasta su faena durante 42 días de crianza. El pollito es un animal precoz porque puede alimentarse por sí mismo sin depender de los padres, a diferencia de otras aves de nido, cuyos pichones deben ser alimentados en el pico por sus padres en sus primeros días de vida.

“Esa precocidad permitió su desarrollo zootécnico lo que permitió a la humanidad llegar al pollo actual. Tiene un ritmo biológico tan característico que genera mitos y suposiciones que no son correctas”, señaló.

Recordó que, en Egipto, 2000 años AC, ya se hacía incubación artificial y explicó el desarrollo de las líneas genéticas surgidas de las cruzas de razas puras que dieron un pollo con vigor híbrido adaptado para el desarrollo de masa muscular y carne. “Mucha gente cree que llevar este tipo de animales a las condiciones del aire libre sería darle confort y hacerlo feliz. Eso es un concepto humano porque este animal puesto en las condiciones de las razas puras que estaban en el campo, tendrá frío en invierno y calor en verano, y no podrá expresar realmente todo el potencial que tiene”, sostuvo.

Plano precisó que “en los últimos años la población mundial aumento en un factor de 2,4 y el consumo humano se incrementó en un factor de 4,7, por eso la avicultura esta haciendo una gran contribución, con su productividad, a poder alimentar a una población que consume más carne” al mejorar sus condiciones económicas.

Ciudadanos y consumidores

En este sentido, Plano dijo que “el grado de preocupación por parte del consumidor respecto del BA, en la UE, en 2006, era de 34%, ascendiendo en 2016 a 57%, mientras que, en Gran Bretaña, esa inquietud pasó, en los mismos años, de 20 a 78%, respectivamente. Y citó una encuesta sobre cómo piensan el consumidor y el ciudadano. Este último es importante porque “es la base del pensamiento político y la base de muchas ciencias. Los ciudadanos en general se interesan en el BA en un 73%, pero al momento de comprar, como consumidores, solo 39% piensa en BA”, precisó.

No solo habría que informar en los envases que las empresas desarrollan un plan de BA sino también hacérselo saber a la sociedad, para que vea que el bienestar animal es una parte de la industria” dijo Plano, quien agregó que “en Europa solo una minoría (3%) está dispuesta a pagar precios superiores al 20% por hacer BA y 35% no está dispuesto a pagar ningún aumento”. En tanto, citó un estudio 2018 de la National Chicken Council (NCC) de EE. UU., que reveló que 75% de los consumidores estaba preocupado por cómo se criaban los pollos de engorde.

Mario Plano

Mario Plano

Plano diferenció derechos, protección y BA. Dijo que “los derechos de los animales comprenden aspectos jurídicos, filosóficos, éticos y morales. El proteccionismo animal es una acción social y corresponde al estudio de la psicología social y de la sociología, y el BA se basa en aspectos científicos, y es una especialidad dentro de los conocimientos científicos de los animales”, señaló.

En cuanto a los factores a tener en cuenta al hablar de BA, mencionó aspectos éticos, ya que el ave si bien no expresa el dolor, su sistema nervioso sí se lo hace sentir como un mecanismo de defensa”. Citó un estudio británico según el cual el tiempo que transcurre entre que un pollo recibe un estímulo doloroso (pinchazo) y su registro nervioso en el encéfalo es de entre 100 y 150 milisegundos. “Esto es importante conocerlo al momento del aturdimiento (sacrificio) en una planta de faena y también al hacer una eutanasia”, precisó.

Entre los aspectos sociales, dijo Plano que “hay organizaciones de defensa de los animales con un alto impacto sobre la opinión pública sin sustento científico y nosotros (la industria avícola) somos los encargados de hacerle conocer cuál es el sustento científico cuando hablamos de BA”.

En cuanto a los aspectos económicos, dijo que “el maltrato animal deja huellas en las aves faenadas que deterioran su calidad, afectándose la productividad. Y en cuanto a los comerciales referidos al BA, señaló que “nuestros clientes solicitan que le demostremos que cuidamos el BA, debido a que sufren boicots por parte de sus clientes de las cadenas de “fast foods”, y esos establecimientos tienen que certificar y demostrar que trabajan con empresas que cuidan mucho el BA, con lo cual envían auditorias (a la industria) para certificarlo”.

Mencionó aspectos regulatorios entre los que figuran las normas internacionales de la OIE y la UE y la NCC. Citó las normativas regionales como la resolución 575/2018 del Senasa, en Argentina, aunque la mayoría de los países adhiere a la OIE y citó aspectos inherentes a la exportación, que obligan a aplicar en el país las mismas normas de BA que tienen los países de destino de esas ventas.

Conocimiento y parámetros

Plano reiteró que “el establecimiento de normas de BA debe basarse en el conocimiento científico y no en conceptos antropocéntricos. No creer que el pollo es feliz porque yo soy feliz de determinada manera. Esos conocimientos de basan en el conocimiento de la fisiología animal, la etología (comportamiento animal) y el estado de salud de las aves”.

En este sentido, recalcó que la industria avícola cumple con los parámetros zootécnicos y productivos, integridad del ave (ni lastimada, ni fracturada), la salud y la inmunocompetencia de las aves. Agregó que el BA debe medirse y documentarse, especialmente los desvíos y las acciones correctivas. Y que el personal debe capacitarse permanentemente, tanto quienes están en contacto con las aves como quienes hacen programaciones y tareas logísticas.

Recordó las 5 libertades descriptas sobre el BA animal a nivel internacional: la liberación del miedo al sufrimiento; liberación del dolor, daño y enfermedad; liberación de la sed; de la incomodidad y la libertad para mostrar el comportamiento normal.

Y también mencionó una norma de la OIE (Organización de Salud Animal, que establece criterios medibles y recomendaciones para medir el BA) que dice que “un animal se encuentra en estado de bienestar si según lo indicado por evidencia es saludable, está cómodo, bien nutrido, seguro y capaz de expresar su comportamiento innato, y no sufre estados desagradables como dolor miedo y angustia”.

Como criterios medibles citó la mortalidad, el descarte, la conversión alimenticia, la ganancia diaria de peso y el factor de eficiencia productiva vinculados con los estándares de las líneas genéticas con las que trabaja cada granja. También citó un test de locomoción (aves con dificultades para caminar) que tiene estándares internacionales que la industria debe cumplir respecto del BA o tomar acciones correctivas.

También, en la planta de faena se mide la dermatitis por contacto al igual que el estado de las plumas que muestran el estado de BA y las acciones correctivas que debieran hacerse en el ambiente donde se crían las aves, así como la incidencia de enfermedades y el índice de lastimaduras, fracturas y condiciones de los ojos, que indican cómo se están criando las aves explicó Plano.

Vocalización

Los criterios para evaluar el comportamiento animal son los temores por el escape y la vocalización. “Hay 30 vocablos que los pollos de engorde pueden emitir, quienes trabajamos en los galpones conocemos muchos de ellos y hay trabajos en distintas universidades que miden esas vocalizaciones, inclusive hay distintas para determinar diferentes enfermedades. Es algo medible por quien maneja las aves y lo puede consignar en el acta de visita a los galpones”, explicó.

La OIE también determina la distribución espacial de las aves, el jadeo y la extensión de alas que indica estrés por calor o condiciones adversas del ambiente, como el alto nivel de amoníaco, el baño de cama, que es un comportamiento muy intrincado del ave, que le permite tener la piel sana, el libre aleteo que forma parte del comportamiento animal, el picoteo de la ración y el picaje o canibalismo, ya que las aves se relacionan entre sí como dominantes y subordinadas, y se comunican mediante emisión de sonidos y por un leve picaje en las plumas de la cola. Cuando esto se exacerba debe corregirse con la densidad de animales por m2 o ajustando los niveles de aminoácidos o de sal en el aire”.

Hay recomendaciones sobre bioseguridad, “algo que las empresas avícolas tenemos que hacer como política empresaria que forma parte del BA: el ambiente y la gestión, la calidad del aire, la iluminación, el ruido con las concentraciones permitidas de amoníaco, los indicadores que deben tenerse en cuenta para saber que el ambiente es correcto, la gestión y la sanidad animal, la medicina preventiva y el tratamiento veterinario, todo documentado y aprobado por un profesional competente, así como la nutrición, calidad y disponibilidad de agua, con fórmulas de alimento documentadas y avaladas por un nutricionista”, enumeró Plano.

Son pedidos de la OIE y todas las auditorías que exigen caudalímetros en las granjas, para saber el consumo y también eventuales pérdidas de agua. “Existen los signos prodómicos de la enfermedad que hacen que baje el consumo de agua, medida que indirectamente mide el consumo de alimento”, explicó. También citó la recomendación de la OIE respecto de la protección contra depredadores y un manejo integrado de plagas que forma parte de la bioseguridad y el BA.

Sistemas alternativos

Plano sostuvo que “hacer sistemas productivos alternativos no quiere decir que estemos haciendo BA”, sino solo un sistema diferente para personas que “tienen un gusto determinado sobre las condiciones en que se crían las aves”. Al respecto señaló que “también hay normas para estos sistemas alternativos”. Así nombró las granjas enriquecidas y las “free range”, parte en galpón y parte al aire libre, y otros a campo.

Las primeras son galpones tradicionales, en los que se toman medidas para mantener activos los pollos bajo un techo, mediante el enriquecimiento del ambiente. “La Word Animal Protection ha determinado que este sistema cuesta 13% más, con lo cual los consumidores que quieran este tipo de pollos deberán estar dispuestos a pagar ese costo”. Explicó que este sistema sirve para mejorar el comportamiento de las aves, el forrajeo y la locomoción, minimizando el picoteo perjudicial.

Estos galpones se enriquecen proporcionándole a las aves fardos de heno o pasto cada 1.000 pollos, colocando perchas adecuadas según el peso y tamaño de las aves (2 m cada 1.000 aves) y hojas de vegetales para que escarben sobre la cama. Estos son los parámetros de BA para estas instalaciones.

El “free range” tiene parte de las aves estabuladas (aviarios) y parte al aire libre. Los pollos pueden tener acceso al exterior si tienen suficiente cobertura de plumas y están lo suficientemente desarrollados para salir en forma segura y con suficientes áreas de salida. Aquí se debe reducir el riesgo de exposición de enfermedades, “uno de los puntos más débiles del sistema”, según Plano, porque “las aves toman contacto con aves silvestres, sobre todo en países donde la influenza (aviar) es prevalente y -sobre todo las acuáticas- tienen gran prevalencia de esta enfermedad”. Las áreas externas deben establecerse sobre un terreno bien drenado, proporcionar refugio para los pollos y estar libres de plantas tóxicas y predadoras, además de tener protección contra condiciones climáticas adversas.



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