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El plan de vacunación obligatoria en Alemania tambalea en medio de polémicas y tensión


El gobierno tripartito alemán de socialdemócratas, ecologistas y liberales del canciller Olaf Scholz afronta sus primeros sinsabores y dificultades, cuando se cumple un mes de su llegada al poder.

El gabinete tomó posesión el pasado 8 de diciembre. La pandemia del coronavirus –que en Alemania registra la preocupante circunstancia de tener solo el 71,8% de la población vacunada– y la propuesta de Bruselas de etiquetar como verdes la energía atómica y el gas en ciertos supuestos, tensan las costuras del nuevo Ejecutivo.

El plan de decretar la vacunación obligatoria, anunciado a bombos y platillos a inicios de diciembre cuando Scholz no era aún canciller, flaquea por las dudas ante esta medida controvertida y radical, en un ambiente social ya tenso por las restricciones anticovid en curso y por las cada vez más frecuentes manifestaciones de los antivacunas, teñidas de presencia ultraderechista.

Los planes del canciller alemán Scholz se demoran en el Parlamento. Foto: AFP

Los planes del canciller alemán Scholz se demoran en el Parlamento. Foto: AFP

Scholz aspiraba a que el Bundestag (Cámara Baja del Parlamento) abordara una ley de de vacunación obligatoria antes de fin de año, pero no fue posible.

Ahora que estamos en 2022, sorpresivamente, el primer debate parlamentario sobre la espinosa cuestión no se celebrará hasta la última semana de enero.

Scholz y el ministro de Sanidad, el también socialdemócrata Karl Lauterbach, mantienen como objetivo que el proceso legislativo quede completado “en el primer trimestre del año”. Pero no está claro cuándo entraría en vigor la ley.

Resistencias 

Los socios liberales, capitaneados por el ministro de Finanzas, Christian Lindner, se muestran ahora remisos, y abogan por que la obligatoriedad se limite a los mayores de 50 años. En marzo será obligatoria para el personal sanitario.

“La protección de la salud es un bien preciado, pero el bien más preciado de nuestra Constitución es y sigue siendo la libertad”, dijo Lindner el jueves.

Según él, la evolución de la pandemia –que en términos generales está bajo control, con en torno a 55.000 contagios diarios– demuestra que hay que “actuar con moderación”.

Una enfermera prepara jeringas con la vacuna contra el coronavirus para chicos y adolescentes en un centro de vacunación en Berlin. Foto: AFP

Una enfermera prepara jeringas con la vacuna contra el coronavirus para chicos y adolescentes en un centro de vacunación en Berlin. Foto: AFP

En un intento de lograr que más alemanes se vacunen, el gobierno federal y los presidentes de los 16 länder acordaron el viernes que los vacunados y curados deberán presentar test de antígenos para entrar a restaurantes y bares, y que solo los vacunados con la dosis de refuerzo entrarán tal cual.

Los no inoculados hace tiempo que tienen vedada la entrada a los restaurantes. Solo el 42,3% de la población alemana se ha puesto la dosis anticovid de refuerzo.

Energía nuclear

El otro asunto de fricción llegó el 31 de diciembre, cuando la Comisión Europea dio a conocer su proyecto de etiquetado verde para centrales nucleares y de gas, concebido para facilitar la financiación como sostenibles de instalaciones que contribuyan a la protección del clima.

El gobierno alemán, dividido al respecto, estudia una respuesta consensuada, en la que se atisba ya que los ecologistas llevan las de perder.

Alemania tiene previsto abandonar la energía nuclear precisamente a finales de este año, según el plan adoptado en el 2011 por la ex canciller conservadora Angela Merkel, inicialmente contraria pero que viró tras la catástrofe de Fukushima y el clamor en la opinión pública.

Para los verdes, que la energía nuclear sea etiquetada como sostenible es un trago amargo pues el partido nació y creció rechazándola.

Sin embargo, la propia ministra de Medio Ambiente, la verde Steffi Lemke, admitió el martes la dificultad de modificar la propuesta de Bruselas, que cuenta con fuertes apoyos como el de Francia, heraldo de la energía atómica.

“El canciller Olaf Scholz ha dejado claro que, desde el punto de vista del gobierno, las inversiones en energía nuclear no pueden considerarse inversiones sostenibles”, dijo Lemke.

En efecto, el socialdemócrata SPD concuerda con los verdes en que esa clasificación de la energía atómica rechina, pero calla discretamente ante la propuesta bruselense de que las centrales que funcionan con gas puedan, con ciertas condiciones y por un tiempo limitado, considerarse sostenibles.

El ministro de Finanzas, el liberal Lindner, alabó expresamente este punto.

De hecho, el gas como tecnología de transición mientras crecen las energías renovables figura en el acuerdo de coalición de los tres partidos, aunque sin llegar a ser calificado de sostenible.

Los verdes temen que declarar sostenibles las inversiones en nuclear y en termoeléctricas a gas quite fondos privados a las renovables. Pero muchos analistas consideran que la propuesta de Bruselas es también adecuada para los intereses alemanes –el gas visto como sostenible permite al país ganar tiempo–, por lo que todo apunta a que los ecologistas en el gobierno tendrán que resignarse.

Fuente: La Vanguardia

CB



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