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El Premio Nobel de Literatura más escandaloso de la historia: a Winston Churchill


En la cita del Premio Nobel de Literatura de Winston Churchill en 1953 se puede leer: «por su dominio de la historia y descripción biográfica, así como por la brillante y exaltada oratoria en defensa de los valores humanos».

Como historiador, Churchill escribió los seis volúmenes de «La Historia de la Segunda Guerra Mundial» en la que exaltaba todas sus virtudes y su persona era el principal personaje en cada página, y no «recordaba» hechos fundamentales como la hambruna de Bengala en 1943, en la que murieron más de 3,5 millones de personas, en gran parte como consecuencia directa de sus políticas y acciones. Está ampliamente documentado el odio de Winston a los pueblos del sub continente Indio.

Winston Churchill con la  Reina Isabel II.

Winston Churchill con la Reina Isabel II.

Entre los méritos para otorgarle el Premio Nobel, se reconocieron tanto sus memorias escritas tras la guerra, como sus discursos durante la Segunda Guerra Mundial, entre los que destaca su famoso «Sangre, Sudor y Lágrimas» que Churchill dirigió al pueblo británico para enardecer su capacidad de aguante y valor patriótico cuando la guerra se encontraba en su primer año.

En realidad la frase no es exactamente igual en dicha alocución, pues aparece así: «I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat» («nada puedo ofrecer aparte de sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor» ).

Y tampoco fue el primer ministro inglés el autor original, ya que lo copió del discurso de Theodore Roosevelt, siendo secretario de Marina, pronunció el 2 de junio de 1897 en la academia norteamericana de Guerra Naval.

Aunque tampoco el político norteamericano fue el autor, puesto que, al parecer, el primero en usarla fue Giuseppe Garibaldi en Roma, en 1849, ante su ejército.

Winston Churchill en un discurso a la Gran Bretaña.

Winston Churchill en un discurso a la Gran Bretaña.

El Nobel de la Paz se lo pudo llevar Adolf Hitler

A pesar de recibir el premio, Churchill estaba enojado y decepcionado. El quería el de la Paz, otorgado ese año al general estadounidense George Marshall. A tanto llegó el enojo de Churchill que ni siquiera fue a recibir el Nobel y envió a su esposa.

Un Nobel de la Paz que por ejemplo, en 1939, tuvo como gran candidato a Adolf Hitler, propuesto por el parlamentario sueco Erik Brandt, que lo hizo tomando como base que en 1938 se pactaron los acuerdos de Múnich para poner fin al problema de los Sudetes.

Pero el Nobel de Literatura a Churchill estuvo agarrado de los pelos. Aunque la revista Nature, descubrió algo interesante, el ex primer ministro británico había escrito un ensayo sobre la posible existencia de vida extraterrestre.

Churchill quería el Nobel de la Paz y la Academia sueca, para dejarlo contento, le  dio el de Literatura.

Churchill quería el Nobel de la Paz y la Academia sueca, para dejarlo contento, le  dio el de Literatura.

El documento de Churchill era de 11 páginas mecanografiadas. Era inédito hasta que hace unos pocos años Nature lo dio a conocer. La idea de Churchill era publicarlo en el dominical londinense News Of The World, y el primer borrador fue escrito por Churchill en 1939 bajo el título «¿Estamos solos en el Espacio?».

El artículo nunca fue publicado, a pesar que Churchill hizo un original entre 1951 y 1955, durante una estancia en la villa de su editor, Emery Reves, en el sur de Francia.

Allí cambió el título que pasó a ser «¿Estamos solos en el Universo?». Wendy Reves, esposa del editor, entregó el original al Museo Nacional de Churchill en Estados Unidos (en Fulton) en los años ochenta.

Winston Churchill escribió un ensayo de 11 páginas  sobre los extraterrestres.

Winston Churchill escribió un ensayo de 11 páginas sobre los extraterrestres.

El director de este museo, Timothy Riley, descubrió el ensayo unos años atrá. Estaba oculto.

El gran «descubrimiento» de Churchill en ese modesto escrito era que un planeta, para albergar vida, «debía tener agua líquida y una temperatura que se situase entre unos pocos grados de hielo y el punto de ebullición del agua». Lo mismo que cualquier chico sabe sin tener ningún estudio.

Pero lo escribió Churchill, el premio Nobel de Literatura de 1953.

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