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José Antonio Kast, el candidato del «orden» que defiende a Pinochet


“No me traten de ultraderecha, porque no lo soy”. José Antonio Kast se plantó en estos días frente a los periodistas y analistas políticos que lo definen así. Se presenta, en cambio, como “un candidato del sentido común”, un conservador católico tradicional.

Pero lo cierto es que este abogado mostró posturas alejadas de la derecha conocida hasta ahora en Chile, moderada y en algunos aspectos más cercana al centro.

Con un discurso duro contra la inmigración, las protestas mapuches, el matrimonio gay o el aborto, y con una postura complaciente con la dictadura de Augusto Pinochet, Kast, de 55 años y padre de nueve hijos, es la carta más conservadora en la carrera hacia el palacio presidencial de La Moneda.

Y aunque en su primer intento, en 2017, no alcanzó más de 8% de los votos, ahora su figura tomó un vuelo sorprendente y llegó a las elecciones de este domingo como favorito, aunque cabeza a cabeza con su rival de izquierda Gabriel Boric.

Le gusta venderse como un “outsider”, pero Kast es bien conocido en política: fue diputado 16 años, militante durante dos décadas en la Unión Demócrata Independiente (UDI) y candidato independiente en las presidenciales anteriores.

Surgió en el comienzo de esta campaña como un candidato menor, y su imagen fue tomando impulso hasta que logró llevarse parte de los apoyos del oficialista Sebastián Sichel, quien se desinfló luego de una serie de desaciertos.

Jose Antonio Kast, este domingo, en su local de votación en Paine, cerca de Santiago de Chile. Foto: BLOOMBERG

Jose Antonio Kast, este domingo, en su local de votación en Paine, cerca de Santiago de Chile. Foto: BLOOMBERG

Varias figuras de la derecha clásica le mostraron públicamente su apoyo, pues consideran que Kast es el único que puede “enderezar” un país que todavía no logra recuperarse de la revuelta social de 2019 y de la pandemia de coronavirus, que causó estragos en sociales y económicos.

Simpatías por Donald Trump y Jair Bolsonaro

Kast expresó más de una vez su simpatía por el estadounidense Donald Trump o el brasileño Jair Bolsonaro, aunque se muestra más amable y mucho menos explosivo en sus declaraciones.

Algunas de sus frases de campaña, como “Atrévete a hacer de Chile un gran país”, recuerdan inevitablemente al “Make America great again” que llevó a Trump a la Casa Blanca.

También es muy cercano al partido español de ultraderecha VOX y celebró la irrupción en el Parlamento argentino del polémico Javier Milei.

Días atrás, con unas declaraciones sobre el régimen de Pinochet quedó en el centro de la polémica.

Kast quiso diferenciar la dictadura chilena -a la que suele referirse como “gobierno militar”- de las «dictaduras» de Cuba, Nicaragua y Venezuela porque, en su opinión, la transición en Chile se dio tras unas «elecciones democráticas», en las que «no se encerró a los opositores».

chile

«No hay punto de comparación con lo que ocurre en las dictaduras de Cuba, donde llevan más de 70 años de dictadura, ni con la narcodictadura de Venezuela y ni con la dictadura de (Daniel) Ortega en Nicaragua», expresó.

«Dígame si las dictaduras entregan el poder a la democracia y si hacen una transición a la democracia y se respeta. Eso es lo que no hacen otros países y en Chile se hizo», insistió.

Hijo de inmigrantes alemanes que llegaron a Chile en 1950, Kast es un activo miembro del movimiento católico conservador Schoenstatt. También tuvo que aclarar alguna vez que su padre no fue nazi, aunque se alistó en el ejército durante el régimen de Adolf Hitler, “por obligación”.

Tiene dos sobrinos que son parlamentarios, hijos de su hermano Miguel: el senador y ex ministro del primer gobierno de Piñera, Felipe Kast, y el diputado Pablo Kast, ambos militantes de Evópoli, la nueva derecha.

En marzo de 2016, José Antonio Kast fue uno de los diputados que votó en contra del proyecto de despenalización del aborto en tres causales.

Entre las 829 medidas que contiene en su programa presidencial, impulsa “reforzar los puestos fronterizos y los pasos informales” y “la construcción de zanjas en los perímetros cercanos a estos pasos, torres de vigilancia y habilitación de apoyo tecnológicos (drones, visión nocturna) para anticiparse al cruce ilegal de personas”.

Santiago, enviada especial



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