viernes, agosto 12News That Matters

Kevin Johansen, el Gringo que inició una gira mundial con su disco de reversiones


Kevin Johansen acaba de publicar nuevo disco, Tu ve, un álbum de versiones propias y ajenas con invitados como Jorge Drexler, Natalia Lafourcade, Rubén Rada, Juan Campodónico, Javier Casalla, el ex Talking Heads David Byrne y Wiranda Johansen, una de sus hijas, entre otros.

Este nuevo trabajo (el décimo de su carrera) viene con una gran gira, que ya atravesó España y esta noche incluye una parada en el Jazz Café de la ciudad de Londres.

Luego lo va a estar presentando en vivo el 26 de agosto en Córdoba y al día siguiente en Rosario. El 1 de setiembre lo hará en Santiago de Chile y el 9 de ese mes en Mendoza, para desembarcar finalmente el 24 de setiembre en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires.

Kevin Johansen. Foto: Fernando de la Orden.

Kevin Johansen. Foto: Fernando de la Orden.

Más tarde vendrán Montevideo y una intensa gira por el sur de nuestro país. Y luego Perú, Uruguay, Estados Unidos. Pero lo primero en la lista ha sido Europa.

Así que el tipo agarró una valija, su ukelele de dos mástiles, que le costó la bicoca de 300 dólares en un negocio de New York, y cual Jimmy Page de Belgrano tomó envión y salió disparado por la puerta de la casa.

Dejó una foto suya para que no lo extrañen tanto y desde entonces irá y vendrá, presentando este manojo de canciones que integran un disco cuya idea fue engendrada en plena pandemia.

Un encuentro antes de la gira

Kevin Johansen en su casa. Foto: Fernando de la Orden

Kevin Johansen en su casa. Foto: Fernando de la Orden

Antes de volar, Kevin mantuvo una charla sosegada en la paz de su hogar. Así que vayamos hacia atrás.

Es una fría y cruda mañana de invierno, y en el hogar de los Johansen no se registran demasiados movimientos. Nos abre la puerta uno de sus hijos, Tom Atahualpa Johansen, 14 años notoriamente despiertos, y nos hace pasar al living familiar.

Es una típica casa de músico: un equipo amplificador por allá, algunas guitarras en sus fundas por acá, un mini piano. Johansen padre aparece de saco, sonriente y campechano. Pero los ojos no mienten, se lo ve dormido. «Estoy recién levantado -admite- pero dale, arranquemos con la nota. ¿Café?».

-Agua, por favor. Decías que este disco nació en pandemia. ¿Cómo pasaste ese año y medio? Supongo que en esta casa.

-Hace un tiempo, un amigo mío, productor, me preguntó eso: “¿Cómo estuviste en la pandemia, Gringo?” (a Kevin le dicen Gringo). Lo pensé un segundo y le dije: “Estuve de todo” y se cagó de la risa. Y sí, estuve bien, mal, ilusionado, decepcionado, con pilas, sin nada de pilas, desganado. Pero en lo artístico me sentí obligado a pensar más de dos veces lo que quería decir, lo que quería escribir; eso sí. Este disco se originó ahí.

-Porque además tenías el tiempo para hacerlo.

-Sí, y capaz que tiene que ver con la edad, de pasar los cincuenta y pico, estar un poco más grande.

-¿La pandemia te puso más existencialista?

-Sí, puede ser.

Aquel paso de Alaska a Buenos Aires

Kevin Johansen en vivo.

Kevin Johansen en vivo.

Kevin Johansen nació en Fairbanks, Alaska, pero a los cuatro años se mudó con su familia a Colorado. De ahí saltó a Arizona y más tarde a San Francisco, California. A los doce años llegó por primera vez a Buenos Aires y aunque el proyecto era quedarse, cambió de rumbo nuevamente y pasó casi dos años viviendo en Montevideo.

Vuelto a Buenos Aires, formó la banda Instrucción Cívica junto a Julián Benjamín y tuvo sus quince minutos de gloria (en Perú lograron cierta fama que les valió incluso llenar un par de estadios), pero en 1990 viajó y se quedó a vivir en Nueva York. En 1999, por motivos personales regresó a la Argentina y comenzó ahí su verdadera etapa musical como solista.

-¿Cómo fue cuando llegaste por primera vez a la Argentina?

-Caigo con once, casi doce años, en mayo del ’76, dos meses después del golpe militar, por una cuestión personal de mi madre que se estaba separando en “segundas náuseas”, como decía ella, de su segundo marido. Fue una situación no muy agradable para ella, había un poquito de abuso psicológico, físico, una cosa un poco brava. Y caemos acá.

Ella vuelve, como dice el tango, “a la casita de los viejos”. Mis abuelos que tenían una casa en Olleros entre Cabildo y Zapata, en Colegiales. Mis abuelos vendían medias en el barrio de Belgrano, lograron forjar una pequeña gran fortuna y tenían cuatro negocios por el barrio. Mi vieja era la rebelde, era la zurdita, la intelectual, la feminista de una familia muy conservadora y en una época dura. Mi hermana Karina tenía siete y yo tenía casi doce. Eramos unos gringuitos que hablábamos medio raro, tipo Luca Prodan.

-¿Y la figura de tu papá cómo encaja en todo esto?

-Fue una relación de distancia. Desde que vine para acá no lo volví a ver hasta los 21. Fue duro eso, medio París Texas, una distancia, pero tengo buenos recuerdos, era un gringo piola, cálido, presente. Si bien ellos se separaron cuando yo tenía seis o siete años, el recuerdo no era malo. De hecho vino muchos años después a la Argentina, en tres ocasiones antes de fallecer.

Kevin Johansen, alias El Gringo. Fotos Emmanuel Fernández

Kevin Johansen, alias El Gringo. Fotos Emmanuel Fernández

-Tu música tiene mucha influencia del folklore, pero pareciera que no tanto del tango, ¿qué música se escuchaba en tu casa, de chico?.

-El tango estaba presente en Alaska. Los tres discos que habían de Argentina era uno de Tita Merello con la orquesta de Francisco Canaro, Se dice de mí, otro de Julio Sosa, que cantaba Cambalache, ¡y había un disco de Hijitus! Supongo que la milonga a través de Tita y Julio Sosa deben haber sido los primeros tangos que escuché.

-Por una cuestión temporal y además generacional, no viviste las primeras etapas del rock argentino, lo agarraste tarde.

-Fui viéndolo y viviéndolo retroactivamente con mis compañeros de colegio. Primero fueron mis primos. Me acuerdo que ellos me cantaban la canción de El Caballero Rojo, de Titanes en el Ring. Mi vieja no sabía si mandarnos a una escuela bilingüe, porque no tenía un mango, y estaba viendo qué hacer. Mi tío le dijo: “A dos cuadras de acá hay una escuela de hippies, la Escuela Del Sol, en Jorge Newbery y Ciudad de la Paz, son todos progres y zurditos como vos, hijos de psicoanalistas y gente de la cultura. Te va a gustar”.

Ahí caí yo. Mi compañero era Javiercito Calamaro, y Andrés Calamaro iba cuatro o cinco años más adelantado. Lo primero que me sucede a mí hablando de rock nacional es que un compañero de quinto año me dice un día: “Che, tengo una entrada para Obras para ver a Serú Girán con Spinetta Jade, ¿querés venir?”

-¿Fuiste y qué te pasó?

-¡Pensé que estaba en Woodstock! Tenía 15 años recién cumplidos, no entendía nada. Vi a Lebón cantando “José Mercado compra todo importado” y vi al Joven maravilla Pedro Aznar. Así que obviamente eso fue súper importante para mi.

-¿Y quien te pegó más? ¿Charly o Spinetta?

-Inicialmente me pegó más Charly que Luis. Después tuve mi primera novia y ella escuchaba Kamikaze todos los días de su existencia. Ahí entendí lo que era el peso específico de la obra de Spinetta.

-¿Lo conociste a Luis, pudiste hablar con él?

-Solamente me lo crucé una vez en Carlos Keen, cuando hicieron el Festival Konex. Yo venía sin dormir de Chile y entro al camarín y estaba Luis y me dice: “Hola Kevin, ¿cómo andás?”. Y yo casi me quedo de una pieza.

A Charly la primera vez que lo vi fue en unos Latin Grammy. Estaba solo, sentado, fumando, en una fiesta que no pasaba nada. Habíamos llegado temprano y sonaba una cumbia. No tuve mejor idea que decirle: “Charly si vos hicieras una letra de una cumbia como ésta la rompés toda”. Y me dice: “¡Nooo, yo cumbia no!”.

Soy muy pudoroso con mis ídolos en general. Me pasó cuando me crucé con Caetano Veloso, que me fue a ver la primera vez que toqué en Río. Y había una voz interna que me decía “Kevin no digas boludeces, rescatate” (risas)

-Imagino lo que te debe haber pasado con David Byrne al tenerlo de invitado en este disco. Su banda Talking Heads fue muy influyente para artistas de tu generación

-Sí, Me pasó que le dije a mi representante, Margarita Bruzzone, y a Juan Campodónico, productor del disco: “Escríbanle ustedes, yo no me animo. Sé que me tiene en su radar, porque puso un tema mío en su programa de radio, y me había ido a ver tocar y me saludó personalmente en el 2016. Sé que es agradable, pero no me animo”.

Le escribieron un mail y contestó que sí. Eso me mató, quedé de una pieza, porque Byrne es de esos arqueólogos de la canción, es un investigador de verdad, como Leda Valladares acá.

El nuevo disco

Kevin Johansen tapa disco

Kevin Johansen tapa disco

Tú ve consta de once covers. Algunos propios (Tú Ve junto a la mexicana Natalia Lafourcade, Anoche soñé contigo, a dúo con David Byrne y en inglés, y Desde que te perdí con la cantante catalana Silvia Pérez Cruz), otros clásicos de diferentes artistas internacionales, entre ellos Perfect Day de Lou Reed, El Albertío de Violeta Parra, y Oración al tiempo de Caetano Veloso,.

-En este disco también hiciste “Suzanne”, de Leonard Cohen, ¿cuándo te empezó a interesar su música?

– Cuando estaba en Instrucción Cívica cantábamos con unas voces muy agudas, y unos amigos me decían: “Che ¿nunca escuchaste a Leonard Cohen, a Barry White, esas voces más graves?”. Ahí lo descubrí, a fines de los años ’80. Justo a tiempo me di cuenta que yo tenía una voz grave y empecé a componer más en mi tonalidad.

– El invitado en ese tema es Jorge Drexler. ¿Cuándo se hicieron amigos?

-Fue algo muy natural. Lo vi tocar una vuelta en El Club del Vino, donde yo había presentado mi primer disco. Después coincidimos en una fecha donde él tocaba en el Teatro Astros y yo en mi primera Trastienda, en ese diciembre fatídico del 2001. Le dejé a través de una amiga una copia de mi disco The Nada, el que tiene el tema de las paltas, Guacamole.

Luego me dejó un mensaje en el contestador: “Ya tengo el disco y me encantan los temas uno, tres, cinco, siete y once”, bien detallista como es él. A partir de ahí pegamos una amistad de mutuo cariño y de gustarnos lo que hace el otro. Nos divertimos mucho. Ahora hicimos esta versión del tema de Cohen, Suzanne, en tiempo de candombe.

Grabaste una versión de «A Little Respect», de los Erasure. ¡Raro eso!

-Sí, es raro porque los dúos medio pop electrónicos británicos a mí mucho no me movían, pero estos tipos con esa canción literalmente me atravesaron. Y después la letra me empezó a enganchar.

Cuando nos sentamos a hablar de hacer un disco de versiones le expliqué a Juan Campodónico que, al revés de lo que se dice comúnmente, estoy a favor de la zona de confort. Ese lugar donde te sentís más cómodo. Le dije “Estos son los temas que me salen bien a mí, fijate los que te gustan”. No quería hacer reversiones de temas míos, pero él insistió con eso y después me gustó.

– ¿Te gusta el trap?

– Sí, seguro. Es una evolución muy concreta de la música, muy cristalizada, muy interesante.

Kevin como padre

Kevin junto a su hija, Wiranda Johansen.

Kevin junto a su hija, Wiranda Johansen.

-Tenés cuatro hijos, ¿qué clase de padre sos?

-Creo ser un padre muy cercano, muy cariñoso. Supongo que me marcó no haber tenido un padre desde los once a los 21. Por eso para mí la presencia es importante. Mi hija Miranda ahora está en España, tocando y cantando, así que tengo el primer nido vacío, que me parte el alma. Por suerte voy para allá a verla. Después están Kim de 18 y Tom de 14. Y el más chico Roy, el demonio de Tasmania, que tiene 7. A mi y a mi mujer María Laura nos agarró algo cansados., jaja.

-¿Pero por ejemplo, les cocinás?

-Si. Cocino panqueques o torrejas el fin de semana, unos huevos revueltos. Cosas sencillas como una tortilla de papas puedo hacer. Y llevarlos, traerlos del cole y esas cosas. Ellos son también un poco el tester de mis canciones. A veces estoy machacando una canción y una buena señal, ¿sabés cuál es? Cuando uno de mis hijos dice: “¿Papá eso de quién es?”. Y le digo: “Eso lo hizo tu papá”. Jajajá.

-¿Y qué te pasó cuando tu hija Wiranda te dijo que quería dedicarse la música?

-Fue natural. Una vuelta ella hizo de telonera de Drexler, en el Gran Rex, y despues del show en un momento le pregunté: “¿Estabas cómoda o estabas un poco nerviosa ahí arriba del escenario?”. Y me miró y apuntó al escenario y me dijo: “Papá, quiero vivir allá arriba”. Lo dijo con mucha seguridad. Como padre uno quiere que el hijo o la hija disfrute de tocar. Hemos cantado juntos y también con Kim, la hermana menor.

Ping-pong final

Kevin Johansen. Fotos Emmanuel Fernández

Kevin Johansen. Fotos Emmanuel Fernández

-¿Que es el amor para vos?

-¡Uy qué pregunta!. Para mí es un momento de entrega tan fuerte que uno se despoja de los intereses mundanos, de los propios. Uno se olvida de uno mismo. Entonces es muy dual para mí el amor, es casi una obligación de entregarte y a la vez es esa cosa de “Uy me estoy entregando y no sé si me estoy tirando a un abismo donde el otro me va a atajar.” El amor es vértigo, es incertidumbre y a la vez una gran certeza, porque es confiar.

-Supongamos que hay una máquina del tiempo que te puede llevar por única vez a un episodio del pasado, ¿adonde irías?

-Uh ¡qué lindo!. Me hubiera gustado teletransportarme a los años ’20 o ’30 de los surrealistas, cuando se juntaban Luis Buñuel con Salvador Dalí en Francia y armaron el Perro Andaluz, esas películas. Y musicalmente los rugientes años ’20, cuando terminó la Primera Guerra y hubo un momento de mucho jazz. Me hubiera gustado imbuirme del jazz aquel que nacía, con Cole Porter, Gershwing, el tango de acá, el samba de Brasil.

-¿Crees en el destino?

-Sí, absolutamente. No fui criado religiosamente, porque mi madre era muy atea. Pero sí la conexión espiritual con la música siempre fue muy profunda. Sentir que hay algo más grande que nosotros, que es la Naturaleza, la Pachamama. Creo que uno forja su destino y puede cambiar el rumbo de las cosas.

-Hay gente que dice que Leonard Cohen es aburrido y hay gente que dice que tu música es aburrida. ¿Te molestan las críticas?

-(se ríe) ¡Hay de todo! Soy muy permeable a las críticas, pero el crítico más importante es el tiempo. Si un manojo de temas tuyos sobrevive, es un milagro. Conseguir un público para mí fue milagroso. Soy muy humilde con lo que hago, y creo que el hecho de no haberme ido inmediatamente bien, en la época de Instrucción, fue una suerte. Cuando tenés 19 años pueden haber muchas tentaciones y terminás viviendo en las nubes de Übeda.

MFB



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