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La familia del kiosquero asesinado en Ramos Mejía evalúa el cierre definitivo del negocio


Nicolás, hijo del comerciante asesinado a sangre fría en Ramos Mejía el primer domingo de este mes, no descartó que las puertas del kiosco donde fue asesinado Roberto Sabo permanezcan cerradas para siempre.

Según admitió, la familia piensa seriamente en «esperar que se termine el contrato, vender el fondo de comercio y cerrar definitivamente el negocio». Todo por miedo a tener que enfrentarse con un nuevo hecho de inseguridad.

Es que, con el padre de la víctima ya mayor, con 74 años, los hijos del comerciante que perdió la vida tras recibir cuatro balazos, serían quienes deberían tomar las riendas del local. «El pedido de mi abuelo, tanto como de mi mamá, es que no se abra”, reconoció en diálogo con TN.

“Los entiendo al cien por ciento. Les sacaron un hijo y les pueden sacar un nieto tranquilamente”, apuntó el joven de 25 años, quien sostuvo que la familia está «en veremos».

De hecho, Tomás Sabo, el restante hijo del kiosquero, remarcó en más de una oportunidad su intención de irse del país, después de sufrir esta lamentable pérdida. «Si no me van a dar nada, me quiero ir, tengo más futuro en otro país que no sea este. Se quejan de que los pibes se van del país pero tampoco hacen nada para que se queden», dijo con la voz quebrada el menor de los hijos de Roberto.

El hijo de Roberto Sabo y los abrazos llenos de dolor e indignación en el sepelio del kiosquero asesinado. Foto Guillermo Rodríguez Adami

El hijo de Roberto Sabo y los abrazos llenos de dolor e indignación en el sepelio del kiosquero asesinado. Foto Guillermo Rodríguez Adami

Este martes, Nicolás admitió además que «está en mente hacer otra cosa» distinta a la actividad que realizaba su padre, y que también había desarrollado en el pasado su abuelo paterno, Pedro Sabo, quien hoy tiene 74 años.

“Gracias a eso comíamos. Gracias a mi viejo que estaba siempre ahí», recordó Nicolás, quien colaboró con Roberto Sabo durante algunos meses en el local ubicado en Avenida de Mayo al 800, de aquella localidad perteneciente al partido de La Matanza.

Por otro lado, reconoció que los más 2 millones de pesos que se juntaron a través de una iniciativa solidaria en redes sociales le permiten a la familia sobrellevar este momento de incertidumbre sin tanta urgencia económica.

«Se agradece mucho a la gente que nos mandó la colecta, la plata y todo eso. Nos da un parche para pensar tranquilos, entre comillas, qué haremos”, manifestó Nicolás.

El crimen

El asesinato de Sabo ocurrió el domingo 7 de noviembre, en horas del mediodía, en la zona más céntrica de Ramos Mejía y a tres cuadras de la sede policial.

Al kiosco de la Avenida de Mayo al 800 entraron un hombre y una adolescente de 15 años, ambos armados, y sorprendieron al trabajador: pidieron la plata de la caja, le mostraron un revólver y prácticamente lo ejecutaron.

Los hijos del kiosquero asesinado no saben si el comercio volverá a abrirse

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Según un informe preliminar de la autopsia, al comerciante lo mataron de cuatro balazos, dos en el pecho y dos en la cabeza, a una distancia de menos de 30 centímetros.

Luego, la pareja robó un remis, chocó el auto y robó una moto para escapar. El raid violento ocurrió en menos de 15 minutos y terminó con la pareja detenida.

Vecinos de la zona organizaron un día después una masiva marcha a la comisaría, donde reclamaron justicia y seguridad. La manifestación terminó con empujones y gritos contra los policías. Un grupo de manifestantes arrojó botellas, palos y hasta petardos contra los agentes, que respondieron con gases lacrimógenos.

El ladrón que mató a Sabo se negó a declarar ante el fiscal de la causa, lloró y pidió que por favor no le «pidan prisión perpetua». Había estado seis años preso por un robo a mano armada y había recuperado la libertad en agosto de 2020.

DB



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