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la larga agonía de Sebastián Piñera, con juicio político incluido


Fueron 14 horas y 56 minutos los que habló, sólo parando para tomar agua y comer frutos secos, el diputado Jaime Naranjo, lector de la acusación constitucional contra el presidente chileno, Sebastián Piñera.

La técnica de dilatación, conocida en el parlamentarismo anglosajón como la técnica del filibustero, sirvió para darle tiempo al diputado Giorgio Jackson para llegar al hemiciclo -pasada la medianoche- después de cumplir una cuarentena por ser contacto estrecho del candidato presidencial del Frente Amplio, Gabriel Boric, aquejado por Covid 19. Fue el voto decisivo, el 78.

Piñera fue acusado después de las filtraciones de los papeles de Pandora por la eventual negociación incompatible de una sociedad de su familia en la venta de la Minera Dominga. Los hijos del presidente le vendían así su participación al mejor amigo de su padre, el empresario Carlos Alberto Délano.

Hasta ahí, historia conocida. Sin embargo, la investigación reveló que el negocio se realizó en tres pagos. El último de estos, por cerca de 11 millones de dólares, dependía de que la zona no fuese declarada para su conservación natural, una decisión que fue tomada por subalternos del presidente, evidenciando un potencial conflicto de interés. Todo en su primer mandato, en 2011.

La Cámara de Diputados de Chile muestra a varios legisladores de la oposición mientras celebran tras la sesión especial. Foto EFE

La Cámara de Diputados de Chile muestra a varios legisladores de la oposición mientras celebran tras la sesión especial. Foto EFE

La acusación

Si bien en la arista penal el caso ya había sido evaluado, el detalle de los pagos abrió una investigación en la Fiscalía Nacional que revivió el caso, lo que a juicio de la oposición “comprometió gravemente la honra de la nación” y podría ser constitutivo de delitos. Ahí nació la acusación constitucional, aprobada la mañana del martes, tras 22 horas de discusión ininterrumpida.

La presidenta del Senado, Ximena Rincón, deberá ser informada oficialmente de la resolución de la Cámara de Diputados y tendrá entre cuatro y seis días para iniciar la discusión y el juicio político en el Senado. Para destituir a Piñera se necesitan dos tercios del total de senadores en ejercicio.

Es decir, 29 votos, pero la oposición sólo llega a 24. Para conseguir la destitución deberá persuadir a 5 senadores del oficialismo, un escenario improbable.

El juicio político no es más que una larga agonía presidencial en Chile. El 18 de octubre de 2019, el mandatario perdió por completo el control de la agenda y la posibilidad de llevar adelante su programa de gobierno. Un congelamiento que se acrecentó con la pandemia, cuyo manejo –reconocido internacionalmente- no bastó para mejorar su imagen, la que hoy no supera el 16% de percepción positiva.

A cuatro meses del fin de su mandato, el líder centroderechista de allende Los Andes está lejos de poder cumplir las promesas con las que llegó a dirigir los destinos de su nación por segunda vez: la crisis global golpeó el empleo y aún no se recupera del todo, no logró llevar adelante su reforma al modelo de pensiones, la situación en la Araucanía se escapó de las manos con una escalada de violencia y –muy probablemente- no le entregará la banda presidencial a un miembro de su coalición.

Varios legisladores de la oposición tras la sesión especial de juicio político al presidente Sebastián Piñera. Foto EFE

Varios legisladores de la oposición tras la sesión especial de juicio político al presidente Sebastián Piñera. Foto EFE

La imagen

Según los datos de las últimas seis encuestas (Cadem, Atlas, TuInfluyes.org, Feedback, Criteria y Pulso Ciudadano), son el izquierdista Gabriel Boric y el outsider ultraconservador de derecha, José Antonio Kast, quienes disputarán un balotaje de pronóstico reservado.

Los mismos sondeos indican que hoy las prioridades de los chilenos no son distintas a las de hace cuatro años, cuando le entregaron a Sebastián Piñera el liderazgo del país. Seguridad, orden público y economía se han vuelto a posicionar como consignas demandantes en la sociedad.

A ello se debe, a juicio de politólogos como Axel Callís o Cristian Valdivieso, con quienes ha podido conversar Clarín, el crecimiento de Kast. El vecino país, por tanto, ideológicamente sigue conductas similares a la de los alineamientos políticos históricos, su divorcio fue con el mandatario.

El ocaso del gobierno del multimillonario empresario puede ver su punto final en el juicio político o en el cambio de mando de marzo de 2022, indistintamente. Empero, no es más que una agonía dilatada.

El divorcio se produjo en octubre de 2019, con la sociedad, y luego con su propia coalición de gobierno, cuyos parlamentarios se han plegada sin escrúpulos a lo candidatura de Kast, intentando contener la arremetida de una izquierda que, hace dos periodos, era extraparlamentaria y hoy se prueba la banda presidencial.

Piñera se lleva consigo el fin de un ciclo de moderación y estabilidad. Arrastra con él a una moribunda centroizquierda, otrora exitosa coalición de gobierno con Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet. Deja un país fracturado que se debate entre dos candidaturas en extremo antagónicas. Si es en diciembre o en marzo –según decida el Senado chileno-, el resultado cualitativo no tiende a variar.



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