viernes, diciembre 3Adrogue - Buenos Aires - Argentina

la mujer que eligió el vértigo y la calle para sanar la tristeza de su infancia


En zona de cortes y tránsito caótico, la escena es habitual: una mujer eléctrica, desesperada, ruega atención, hace dedo y cuando logra que un motoquero se apiade, lo abraza por la cintura, le pide que acelere y le indica el mejor atajo para llegar al lugar del hecho. Es Mercedes Ninci la que vuela en motos de desconocidos para que no se le escape la noticia, no importa si son muchachos de Rappi o motoqueros sin rumbo con su joya alta cilindrada.

Muchas de las marcas de su entrega siguen ahí, en su cuerpo. Las quemaduras de caños de escape de esas motos salvadoras. O los pies pisados por los autos a los que frena para lograr declaraciones exclusivas. El misterio es por qué corre y corre y corre, siempre como al borde de un ataque de nervios, entre la taquicardia, el éxtasis y el ahogo, voraz buscadora de algo que muere en centésimas: la primicia.

Carlos Saúl Menem, Fernando De la Rúa, Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Mauricio Macri, Alberto Fernández. Los presidentes pasan, la movilera de Mitre desde 1991 parece quedar ahí, parada como un poste en Casa Rosada, en la Quinta de Olivos, en el Congreso, con su vehemencia, su hambre de frases, su grabadorcito insistente en la boca de cada ministro.

Puede estar en el «abejazo» extirpando declaraciones de productores apícolas que demandan un canon a las colmenas y, en minutos, saltar al «pescadazo» de Plaza Congreso. Pareciera no tener paz. Dice que la tentaron para ser candidata a diputada, a legisladora, a Vicejefa de Gobierno porteño, pero siempre respondió inmediatamente «no»: «Desde el periodismo se puede ayudar más».

Ninci en Tribunales. (Foto: Juano Tesone)

Ninci en Tribunales. (Foto: Juano Tesone)

Suelen llamarla Mecha, a excepción de su padre, que la bautizó «La pichunguita». Duerme cuatro horas (cinco en casos excepcionales), se levanta 4.30, se ducha, desayuna y sale con el móvil radial a donde la actualidad disponga. Pasado el mediodía regresa a su casa, se ocupa de las cuestiones domésticas y relacionadas a sus cuatro hijos y parte hacia el canal América a sentarse a la mesa de Polémica en el bar

De sus batallas callejeras ostenta «souvenirs», como ese corte hoy convertido en cicatriz que le recuerda el día en que su brazo izquierdo quedó sangrante en la puerta de la casa del fiscal Alberto Nisman, cuando se abalanzó sobre la fiscal Viviana Fein, que llegaba ante la noticia de la muerte. Una marea de periodistas triturándose entre sí la terminó lesionando.

Sus compañeros están acostumbrados a esa devoción que muchas veces no repara en el peligro. «Me acuerdo cuando Roberto Lavagna, recién designado Ministro de Economía, entró en auto a su casa, con todos los móviles en la puerta, y le pisó un pie a Mercedes. Ella siguió cubriendo la nota como si nada«, aporta una institución de la producción periodística, Marta Lamas, casi 50 años en la tarea, coordinadora de producción en Radio Mitre.

Ninci hace memoria y regala más color a esa suerte de sketches que protagoniza: «Lavagna volvía de Bélgica, fui a su casa en Nuñez, hice guardia, lo vi llegar y terminé en el jardín de su casa, tan atento que cuando me pisó me hizo pasar, trajo un fuentón con agua caliente y sal, y su mujer me terminó masajeando los pies».

Otro dato de comedia lo suma su compañero de emisora Juan Etchegoyen: «A ella le encanta escuchar radio en el techo de su casa. Nos lo contó en una entrevista. Mientras saca las enredaderas, barre y limpia los fines de semana, le gusta pasar horas escuchando en altura». Caminar por medianeras, trepar, evadirse. Tal vez la clave está en el movimiento constante para mitigar el dolor. El hacer sin pausa es lo que espanta los fantasmas de un tramo de la niñez que todavía duele.

Moverse para aliviar la pena

Nació en el Sanatorio Allende de Córdoba, el 9 de junio de un año que -por coquetería- no quiere revelar. Sus padres (un ingeniero civil y profesor de matemáticas y una profesora de Castellano y Formación Cívica) se conocieron en el Jockey Club cordobés y tuvieron cinco hijos. Tercera de esos cinco, Mecha supo a los siete años lo que es una infancia destruida, cuando su hermana de tres murió con parálisis infantil.

Mercedes Ninci de niña, en Córdoba

Mercedes Ninci de niña, en Córdoba

Con su madre devastada y la tristeza familiar flotando en ese hábitat, la pequeña Ninci parecía exorcizar el desgarro con una actitud opuesta a la quietud. «No paraba de limpiar, cocinaba, hacía las compras, asistía a mis hermanos, pintaba los techos, lijaba las puertas, restauraba muebles, podaba. Me tocó remar temprano y creo que eso hago hasta hoy», suelta y hace un parate. Prefiere no ahondar en esa época en que empezó a construirse como «la topadora», una mujercita que encontraba en el vértigo un modo de pausar (o liberar) la angustia.

Inviernos en el departamento familiar, veranos en el campo, «la movediza» no sabía lo que era un televisor porque en su clan estaba «mal visto». La libertad aparecía en la casa de la abuela Mercedes, que tenía un aparato de TV en el que se podía ver a Mónica Cahen D’Anvers, su primera gran «influencer» vocacional, quien la impulsaría a soñar «voy a ser como ella».

Parte de su formación ocurrió en el colegio religioso Sacre Coeur, donde su tía Florencia de la Serna -prima hermana del Che Guevara, y que terminó exiliada en Jamaica- era la madre superiora. «La escuela cerró cuando yo estaba en cuarto grado, pasé al colegio Jesús María y ahí entré en conflicto con las monjas y me volví brava», sonríe mientras se desdobla en actividades y se dispone a preparar milanesas para la cena.

Jugadora de tenis, a los 17 años tuvo un coqueteo con el modelaje. Fue protagonista de la publicidad de las bicicletas Remo y modelo del programa Espectáculo Hora Cero, en el Canal 12 de Córdoba, ciclo en el que prestaba su cabello para que «Cachita», una de las peluqueras top de la provincia, mostrara en vivo el arte de los peinados.

Más de una década atrás, en su programa "La mecha encendida"; por Continental.

Más de una década atrás, en su programa «La mecha encendida»; por Continental.

Nieta del ex decano de la Universidad de Córdoba Carlos Ninci, «lo académico era inevitable» en esa familia en la que el estudio y la educación pública eran mandatos. Su hermano Carlos es geólogo, su hermano José, Ingeniero agrónomo; su hermano Julio, abogado. «La rama materna es la artística, soy sobrina nieta del escritor Hugo Wast. Mis dos hijas siguen esa orientación, Malena, la más grande, de 21, estudia Cine en la FUC, y Florencia, de 18, Artes en la UBA y Actuación en UNA».

Estudiaba Comunicación Social, trabajaba en stands y remates de ganado, y ya había pasado por la sección Turismo de La voz del interior cuando vio el anuncio de una beca de perfeccionamiento periodístico de la Fundación Noble y la Universidad Católica Argentina. Quedó preseleccionada, viajó a Buenos Aires, pero el primer intento resultó fallido. No iba a aceptar fácilmente un no; volvió a presentarse al año siguiente junto a 500 candidatos. El ingreso exitoso obligó a la mudanza definitiva.

El día que De la Rúa le robó el teléfono

La primera nota en Buenos Aires fue en 1991 a Domingo Cavallo, durante el anuncio del Plan de convertibilidad. Su amigo Marcelo Bonelli le indicaba quién era quién en ese mapa de funcionarios y empresarios y ella los perseguía en tarea artesanal de los móviles pre-Internet.

La primera persecución que terminó en paso de comedia fue al ex presidente De la Rúa. Era la asunción, Mercedes salía al aire para el programa de Néstor Ibarra y siguió a su coterráneo en el recorrido desde su casa, la avenida 9 de Julio, la Avenida de Mayo y el Congreso de la Nación. «En un momento logro ponerlos en comunicación metiendo mitad del cuerpo por la ventanilla, pero el semáforo se puso en verde y De la Rúa siguió hablando llevándose el Movicom».

«Fue un notón, yo estaba con tacos, preocupada por recuperar el celular para seguir la cobertura, y en la desesperación le pedí a un chico de una moto: ‘Llevame que De la Rúa me robó el teléfono’. Él no entendía nada, llegamos a Plaza Congreso y entré a un locutorio, sin plata, llamé al número y el custodio presidencial logró devolvérmelo».

Junto a Mirtha Legrand, invitada a las cenas de los sábados en 2014.

Junto a Mirtha Legrand, invitada a las cenas de los sábados en 2014.

La cobertura más desgarradora la vivió en 1995, con la tragedia de los ocho tucumanos que murieron en una avalancha luego de escalar el Cerro Sollunko, en las cercanías del Machu Pichu. «Andate ya a Ezeiza, tomate el primer avión que puedas», le ordenó su productor Hugo Ferrer, y Mercedes, rauda, imploró un lugar en algún vuelo en el stand de Aero-Perú. ‘Aunque sea déjenme viajar en la cabina’. Finalmente embarcó a Lima y logró subir a un helicóptero de la Fuerza Aérea que volaba camino al rescate.

«Cuando llegamos, los sobrevivientes estaban en estado de locura, shock, con cuerpos de un lado y gritos del otro. La escena fue tan dolorosa que nunca la pude borrar. No había medios argentinos todavía, grabé lo que pude por audio, y me pregunté hasta dónde seguir. Volví con los cadáveres en el Hércules. Hasta el día de hoy lloro. Guardo un collarcito rústico que me regaló una chica peruana para que me diera suerte».

El 20 de diciembre de 2002, con una panza de casi nueve meses de embarazo y una aplastante temperatura tropical, Mercedes se negó a volver a su casa y decidió cubrir la multitudinaria manifestación desde Puente Pueyrredón a Plaza de Mayo, en el primer aniversario de la caída de De la Rúa. «Yo no soy partero», le advertía José Tello, el mítico chofer de la radio, pero Mercedes confiaba en que su segunda hija nacería el 6 de enero. La foto que tomó Liliana Servente, de la Agencia DYN, resume quién es y qué grado de terquedad maneja Ninci. «Creo que nace hoy», le dijo la fotógrafa. A las tres horas de los kilómetros de caminata, la mujer del vientre estallado tuvo que ser internada y dio a luz. «Por poquito no parí en el Puente Pueyrredón».

Mercedes, horas antes de parir a su segunda hija (Foto: Liliana Servente)

Mercedes, horas antes de parir a su segunda hija (Foto: Liliana Servente)

-¿No tenés miedo ni por la vida de tus hijos?

-Es lo que me dice la psicóloga. Que no mido el miedo. Y es buenísimo, porque puedo hacer unas notas bárbaras. Yo no soy una periodista de Google, necesito mirar a los ojos, buscar, estar.

Una colección de cicatrices profesionales

Recuerda varias embestidas famosas que algún día formarán parte de ese diario de la movilera que aún no escribió. «Hasta Diego Maradona me llevó puesta estando embarazada de seis meses«, cuenta con total naturalidad. «Él estaba en la quinta de Pascual Mastellone en General Rodríguez, y yo en la dulce espera de mi hijo Lucas, que hoy tiene 17. Diego me pisó el pie con el auto, fui a la Trinidad preocupada por la posibilidad de perder al bebé, pero era un esguince nomás, y seguí laburando. Alguien allegado a él llamó después para pedir disculpas».

En su casa de Almagro, en un parate de su agitada jornada diaria (Foto: Germán Garcia Adrasti).

En su casa de Almagro, en un parate de su agitada jornada diaria (Foto: Germán Garcia Adrasti).

En esa obstrucción constante, en la tarea diaria por interceptar a los personajes, ¿juega más la inconsciencia o la provocación? «¡Tengo que agarrarlos de alguna manera, para eso me contratan!», advierte Mercedes con la intensidad que nunca disminuye, y enumera más cicatrices. «Eduardo Angeloz también salió una vez con el auto y me pisó el pie con el neumático».

El cuerpo le pasó factura este año. En julio, en el estudio de El Trece, en el programa Lo de Mariana (con Mariana Fabbiani) sintió un dolor de cabeza «indescriptible» y se desplomó detrás de cámara. Fue internada, pasó por terapia intensiva, y le diagnosticaron cefalea en estallido por el Síndrome de vasoconstricción cerebral reversible. Mantener reposo fue la prueba de fuego para un organismo que no sabe qué es la inmovilidad.

Después de un año difícil. Mercedes Ninci tras una internación sufrida en julio. (Foto: Germán Garcia Adrasti)

Después de un año difícil. Mercedes Ninci tras una internación sufrida en julio. (Foto: Germán Garcia Adrasti)

¿Cómo se convive con la ingobernable Ninci?​ ¿Qué le dicen sus hijos? «Es que soy una permanente buscadora de noticias, las 24 horas. ¡Además, siempre que estoy en un lugar, pasa algo! O yo lo descubro. No hay lugar donde no encuentre un dato que me sirve para contar una noticia. Siempre. En una fiesta, en una parada de colectivo, en el río. No tengo paz».

-Vos misma decís que estás siempre en estado de emergencia.

-Es así. Tengo muchos trabajos, muchos hijos, quiero hacer todo. Cuando eran chicos los llevaba al trabajo. A algunos los amamantaba en un búnker en medio de las elecciones. No soy de las que marca tarjeta, yo salgo al aire a la hora que sea si tengo una primicia.

El desembarco en la televisión ocurrió a comienzos del milenio, en medio de un gran enojo de Alejandro Romay y de una mano salvadora de Juan Alberto Badía. «Fue en la época en que Romay se enfermó y su hijo Omar tomó el canal. Lo sacó al famoso Horacio Larrosa y puso de directora a Lucía Suárez, quien me llamó para Nuevediario. Tuve la mala idea de renunciar a la radio, donde me iba bárbaro. Al mes de trabajo Alejandro se curó, volvió, echó a Lucía, y en esa volteada caí yo. ‘¿Vos leés los diarios, nena?’ No sabés nada de periodismo’, me dijo. Tengo el orgullo de decir que a mí Romay no me inventó, al contrario, le erró».

Gracias a la gestión de su mentora Magdalena Ruiz Guiñazú, Ninci volvió a la radio. Y tuvo revancha en pantalla convocada por Badía, luego de que el locutor la viera como invitada en Sábado bus. «Yo amaba Badía y compañía, me acuerdo haber venido revolucionada a Buenos Aires a ver a Sumo en su programa. Entonces recibir una llamada suya me dejó helada. ‘Hola, soy Juan Alberto. Tengo un proyecto, Estudio país, por Canal 7 y quiero que estés conmigo’. Viajé por todo el país, lo conocí de punta a punta, fui feliz».

La periodista suele emocionarse en cámara. .

La periodista suele emocionarse en cámara. .

Simpatizante de Belgrano de Córdoba, coleccionista de tazas de bares notables y «otras emotividades», dueña de una hemeroteca con ejemplares históricos de Argentina y del mundo, adicta al café con leche y fanática de las guitarreadas con amigos en las que los que tocan son los otros, confiesa que sus pensamientos le dan algo de tregua cuando casi cada fin de semana transita la ruta 9 rumbo a su provincia.

La vuelta a las raíces, la visita a sus padres, a sus hermanos y a sus sobrinos la reconecta con esa base que perdió afincada en Almagro. Febrero es su «mes sagrado»: toda la parentela vacaciona en las sierras, en la casa Flor de Durazno, del 1900, a la que llegó a pisar en el rodaje del filme homónimo Carlos Gardel.

Separada desde hace nueve años, hoy «sin pareja, pero atenta y con muchos candidatos», no es extraño verla tomar un colectivo o un subte o recorrer «tres supermercados para buscar ofertas». Hace un tiempo lloró en cámara: «No me alcanza ni para cargar la SUBE»: «Hago vida de clase media. Siempre me costó llegar a fin de mes».

-¿De dónde creés que sale ese torbellino interior?

-De mi infancia. Soy una resiliente. Si no hubiera pasado lo que pasó en mi familia, no sé si hubiera sido igual. Hago terapia desde hace tres años.

-¿No tenés miedo a tanto vértigo?

-Supongo que me debo haber estrellado mil veces (se ríe). Siento que tengo la misma fuerza que a los 20. Solo bajo un poco cuando estoy en el campo. La verdad, quiero morirme con el grabador en la mano.

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