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La nueva «diplomacia suave» de los EE.UU.



En los años de la Segunda Guerra Mundial, la política de la Buena Vecindad desplegada desde el gobierno de los Estados Unidos, encontró en la “diplomacia del arte” una estrategia muy eficaz para mejorar las relaciones exteriores.

En aquel momento, el gobierno de Franklin D. Roosevelt puso a Nelson Rockefeller a cargo de la oficina de asuntos interamericanos con el objetivo de conquistar las almas y corazones de los latinoamericanos a través del intercambio de obras de arte. Argentina no fue ajena a esta política que permitió que artistas como Emilio Pettoruti, con “Copa Verde Gris”, y Antonio Berni y su “Club Atlético Nueva Chicago” pasaran a formar parte de la colección permanente del MoMA y así el arte argentino se subió al escenario neoyorquino donde, desde una década antes, los muralistas mexicanos definían la identidad latinoamericana.

Nada fue casualidad, las obras fueron pagadas con un fondo especial del gobierno norteamericano y exhibidas en el MoMA, que la madre de Nelson había ayudado a fundar, y del que su hijo fue tesorero y presidente. Antes, Rockefeller había obtenido su puesto gubernamental luego de donar unos 4.5 millones de dólares al gobierno.

Un ejemplo de la utilidad de estas estrategias diplomáticas, es el caso siguiente: en la ocasión de celebrarse una recepción diplomática, un embajador argentino fue ubicado a la mesa junto a David Rockefeller, nieto del pionero magnate del petróleo en los Estados Unidos. El embajador sabía que David podía prestarle poca atención a la Argentina, pero no podía desaprovechar su presencia en la cena. Así, con sentido de oportunidad, le mencionó las colecciones de arte latinoamericano y argentino que la familia Rockefeller poseía, y la favorable evolución de las cotizaciones de esas obras.

De este modo, se inició una conversación que se mantuvo durante toda la velada creándose una relación de diálogo que se reprodujo cada vez que ambos se encontraban en diferentes eventos.

Institucionalizar estos intercambios llevó tiempo, persistencia y conocimiento. Y mantener esta conversación sobre arte para llegar a otros acuerdos, y acercar posiciones requiere de experiencia y astucia.

En los últimos dos años, la política de la Buena Vecindad de los Estados Unidos se ha centrado en la pandemia. La nueva diplomacia suave no está en la adquisición de cuadros o esculturas sino de vacunas y test de Covid. A diferencia de la gestión anterior, el gobierno de Biden se movió rápidamente en ese sentido. La errática política exterior del gobierno argentino hizo que en un principio se rechazara la ayuda del “amigo americano” para luego aceptarla a regañadientes.

Con la pandemia, la “diplomacia suave” que giraba en torno al diálogo estético parece haberse opacado y en su lugar, Estados Unidos despliega la donación de vacunas como una estrategia eficaz para ganar amigos. Porque cuando la vida de millones está en peligro, los beneficiarios de esas vacunas no olvidarán que el vecino norteamericano les tendió una mano en estos momentos difíciles.

Andrea Matallana es Socióloga y Magíster en Investigación Social (UBA) y Doctora en Historia (UTDT). Autora de «Nelson Rockefeller y la diplomacia del arte en América latina» (Eudeba, 2022)



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