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La suerte de tener un pasaporte europeo


El siglo pasado millones emigraron de Europa a Estados Unidos huyendo de la inestabilidad, la violencia y la pobreza. Gracias a ellos, millones hoy pueden volver. Comparten con muchos argentinos la suerte de poder acceder a un pasaporte europeo. Uno de los afortunados es mi amigo Lenny, un habitante de Boston con el que cubrí las elecciones presidenciales de Estados Unidos hace un año.

Lenny decía que si ganaba Donald Trump emigraba a Irlanda, el país donde nació su padre. Ahora que el presidente Joseph Biden naufraga en las encuestas, el partido demócrata acaba esta misma semana de sufrir durísimos reveses en elecciones estatales y Trump se ha instalado como claro favorito para volver a la Casa Blanca en 2025, Lenny se está preparando para hacer las valijas.

Estados Unidos no es Argentina, aún no, pero sí es un país inestable donde existe un creciente riesgo de violencia política y en el que demasiada gente vive en la pobreza. La democracia constitucional de Washington, Jefferson y compañía corre peligro. Porque pierde legitimidad.

Un alto porcentaje de la población, todos republicanos, piensa que el asalto al Capitolio del 6 de enero para intentar dar vuelta al resultado electoral y mantener a Trump como presidente fue una acción justificada.

Muchos republicados consideran que el asalto al Capitolio fue una acción justificada. Foto: EFE

Muchos republicados consideran que el asalto al Capitolio fue una acción justificada. Foto: EFE

Lenny no es ningún rojo. Ha sido siempre un patriota y ferviente capitalista que durante una larga carrera trabajó para la gran banca y fue periodista para venerables publicaciones financieras.

“Debo confesar,” me escribió en un email hace un mes, “que oír hablar a americanos ‘normales’ me hace cuestionar nuestra democracia…la escala oceánica de su ignorancia me aturde…me parece que intentar cambiar la situación con palabras, artículos, discursos es como intentar vaciar el Pacífico con una taza de café.”

Esta semana, tras las victorias electorales del partido que idolatra al dios naranja, me escribió: “Tengo el pasaporte irlandés en mano.” Yo le digo, ¿por qué tardaste tanto?

El fenómeno Trump acelera el desencanto en gente pensante como él, pero la verdad es que hace ya tiempo que Europa es un lugar mucho mejor para vivir que Estados Unidos. Si yo fuera argentino y tuviese la posibilidad de elegir entre emigrar a Estados Unidos o, por ejemplo, a España, no me lo pensaría ni un segundo.

Unos números, para empezar. Es verdad que el PIB per capita de un estadounidense es el doble del de un español. A primera vista el dato es demoledor, pero la media engaña. El uno por ciento de la población posee una proporción grosera de la riqueza, inimaginable en Europa.

Si uno es un triunfador nato, si posee talento y energía en abundancia, Estados Unidos es el lugar, eso sí. Pero para el común de los mortales, o para gente rica con un mínimo de sensibilidad social, no. La desigualdad es brutal; la pobreza, indigna. Lo que explica la atroz criminalidad. La cifra anual de muertes por armas de fuego en Estados Unidos se mantiene alrededor de 20.000; en España, como en países europeos de similar población, no suele superar los 40.

Luego está el acceso a la salud. Estados Unidos paga más en gastos médicos por habitante que cualquier otro país pero ocupa el puesto número 30 mundial en cuanto a la calidad de su sistema sanitario, según organismos internacionales que se dedican a medir estas cosas. España está en el puesto ocho; seis países europeos están entre los primeros diez. No hay salud pública gratis en Estados Unidos y 26 millones de estadounidenses no poseen un seguro privado, con lo cual si te rompés un hueso mejor quedarte en casa.

En Estados Unidos no hay salud pública y más de 26 millones de personas no tienen un seguro privado. Foto: Xinhua

En Estados Unidos no hay salud pública y más de 26 millones de personas no tienen un seguro privado. Foto: Xinhua

El factor mala suerte no entra en la ecuación. Estar sin trabajo en Detroit es infinitamente peor que estarlo en Sevilla. Tener un trabajo también. La calidad de vida de una persona media en Estados Unidos, por más dinero que gane por hora que un español, es triste en comparación. Por la comida que comen y la obesidad que genera, por la escasez de abrigo familiar, y por el culto a la ética protestante del trabajo.

Los estadounidenses no gozan del derecho legal a vacaciones pagadas. Más de 28 millones no las tienen nunca y los demás dependen de la generosidad de los que los emplean. La mayoría recibe entre cinco o 15 días libres pagados al año. En España, como en casi toda Europa, reciben 30.

La periodista inglesa Tina Brown, ex directora de la revista New Yorker, relata en sus memorias lo que le dijo una vez en una comida un inversor italiano. “Es fácil convertir medio millón de dólares en tres millones en Estados Unidos. ¿Pero sabés qué? No quiero. Porque supone violar más de lo que ya han sido violados a esos pobres jodidos, el público americano. ¿Sabés cual es la diferencia entre el campesino europeo y el campesino americano? El campesino americano come mierda, viste mierda, ve mierda en la televisión, mira por la ventana y ve mierda. ¿Cómo podemos seguir violándolos dándoles aún más mierda para comprar?”

El único consuelo es que las vidas de mierda de los estadounidenses se acaban pronto. O antes que las de los europeos. Gracias al sistema sanitario, lo que comen, los homicidios y el estrés de sus vidas laborales, su expectativa de vida es de 78,54 años, por debajo de todos los países europeos. En España es 82,3.

Vivimos vidas mucho más agradables en Europa. Hasta los brexiteros lo ven. La revista conservadora inglesa The Spectator propuso una idea para combatir la fiebre trumpista y convertir el electorado a la serena social democracia que propone Biden: regalarles a todos los estadounidenses cinco semanas de vacaciones en Europa para que vean cómo el europeo medio dispone de su tiempo en la Tierra. Linda idea. Pero habría un peligro, o una posible bendición, según el punto de vista. Olvídense de la inestabilidad que propicia Trump. El desengaño podría ser tal que cuando volviesen de Europa montarían una revolución.



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