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las increíbles historias de los antivacunas en Italia


Les llaman el pueblo no vacs, son los contrarios a las vacunas. Están repartidos en todo el mundo y en Italia son una minoría agresiva que sostiene la existencia de una conspiración para inyectarle porquerías a la gente. Hay grupos organizados que niegan la existencia de la pandemia. Creen que el virus, Delta u Ómicron, son un cuento.

Con la vacunación masiva en Italia, los no vacs van siendo acorralados, con medidas par impedirles la vida social y dificultarles el trabajo, hasta impidiéndoles tomar los medios púbicos de transporte.

La contagiosidad de Ómicron está trasladando a una parte de ellos a los hospitales. Dicen que no llegan a seis millones, que es una cifra suficiente para descalabrar el sistema sanitario. En las camas de internados y en la terpia intensiva son mayoria, porque al rechazar las vacunas carecen de las defensas contra la enfermedad y la muerte que proporcionan las vacunaciones.

Rechazan hasta el oxígeno

Es una historia casi alucinante lo que está ocurriendo en los hospitales por la batalla entablada por muchos antivacunas que rechazan las curas, incluso el oxigeno que les permite respirar mientras el Covid ataca sus pulmones.

No al "Green Pass". Marcha de antivacunas en Milán. Foto: EFE

No al «Green Pass». Marcha de antivacunas en Milán. Foto: EFE

El filosofo Umberto Galimberti los encuadra. “Es inútil, los no vacs tienen firmes convicciones. Son muchas cosas pero lo une la fe. Y al que tiene fe en algo es inútil tratar de convencerlo. Algunos creen que la vacuna es un pretexto para inyectarles un chip en las venas, otros que el pinchazo y la sustancia afectan el ADN, otros que la vacuna esconde experimentos dañinos

En las redes sociales se lee de todo. Es evidente que muchos sienten más miedo o más odio por la vacuna que por el mismo virus.

En Italia las anécdotas son cotidianas. La inmunóloga Antonella Viola, de Padua, región Véneto, responde habitualmente por radio y television. Hace tres días recibió en su casa un paquete con una carta y un proyectil.

«Los niños no se tocan. Si no cambia sus entrevistas en las que dice que los bambinos deben ser vacunados nos gustará dispararle a usted y a su familia. Será con una calibre 22 en la estómago y las rodillas, que hacen un gran mal pero no matan. No habrá otros comunicados”.

Viola está ahora protegida por una custodia policial y comenta: “Estoy de vacaciones con mi familia y confío en las fuerzas del orden”. La prensa ha reflejado la indignación general. La inmunóloga responde que “es inútil discutir que es mejor, si una epidemia grave o una vacuna segura”.

El profesor Giovanni Pedrotti, en primera línea en terapia intensiva del hospital de Rovereto, señala: “Hemos logrado convencer a dos internados para que se sometieran a las curas y a otros les damos toda clase de explicaciones porque no podemos obligarlos por la fuerza”.

Algunos hasta sofocan el instinto de supervivencia, resistir demuestra su fe. Un agente de comercio de 48 años (no se dio su identidad), fue ingresado en el hospital de Vicenza el 28 de diciembre.

Un hijo había llamado diciendo que le costaba mucho respirar. Aceptó la internación pero con una carta en la que se negaba a ser intubado. El hijo trató de convencerlo con una video llamada. Sus familiares dijeron que era un convencido no vac. Murió sofocado por la falta de oxígeno. Su corazón dejó de latir y la reanimación fue inútil.

Con una lista propia de remedios

Lo mismo hizo Mauro de Mantua, un duro antivacuna que volvió medio locos a médicos y enfermeros, a los que incluso les tiró la campana de oxígeno. Pedía curarse solo o que le dieran los remedios que pedía, porque muchos no vacs tienen la lista de fármacos y preparados que circulan en las redes sociales.

El movimiento antivacuna nació y creció paralelo al desarrollo de la pandemia. Se organizaron manifestaciones de protesta en una veintena de ciudades italianas y se movilizaron miles de personas, con Roma y Milán como escenarios principales.

El crack llegó el 9 de octubre pasado, cuando la manifestación, liderada por la extrema derecha de Fuerza Nueva pasó a los hechos y atacó la central obrera CGIL, en el centro de Roma. Otros grupos avanzaron hacia el Palacio Chigi, sede del gobierno.

Todo terminó con el arresto de los líderes de Fuerza Nueva y algunos no vacs. El gobierno reaccionó restringiendo las manifestaciones que hacia fin de año se diluyeron.

Pero las protestas siguieron. En la ciudad de Vicenza, el sindicalista Bruno Daminato, de 55 años, murió el el domingo 2 en el hospital San Bartolo de Vicenza. Había sido internado el 6 de diciembre.

Su lucha antivacuna le costó ser suspendido del trabajo por no inocularse y renunciar al sueldo porque estaba contra el Pase Sanitario Bruno Daminato era un protagonista de las protestas callejeras contra la vacuna. Como afirma el filosofo Galimberti fue fiel a su fe que lo llevo a la tumba, pese a los esfuerzos de su familia, con dos hijos de 27 y 23 años.

Dominato no pidió ayuda y se presentó en el hospital cuando era demasiado tarde.

“Debemos respetar su lucha que le ha costado la vida”, dijo el primario de terapia intensiva, Vinicio Danzi. “Ahora tenemos 18 personas, ninguno vacunado, todos intubados y con oxígeno. Casi todos esperan demasiado para presentarse en el hospital porque desconfían de nuestras cura. El retardo es muchas veces fatal”.

En Treviso el ejemplo del sindicalista de Vicenza lo siguió el ex enfermero Paolo Peloso del hospital de Voncello. Su viuda es una enfermera suspendida del servicio porque se niega a vacunarse.

El médico Francesco Benazzi explicó que Peloso estaba ya jubilado y murió rechazando que lo trasladaran a la terapia intensiva. “Al final se sentía tan mal que aceptó la reanimación y el oxígeno. Pero era tarde”. Sus pulmones estaban destruidos por la infección viral.

Hay un mundo mayoritario en Italia que es hostil a los antivacunas porque no se pueden tratar de sus enfermedades por las enormes energías y recursos sanitarios a que obliga la pandemia.

Leandro Belluco escribió al diario católico “Avvenire”: “Me pregunto si hay motivaciones morales y sociales para que un no vac tenga precedencia en las curas respecto de los que han sufrido una emergencia o enfermedades graves como una isquemia cardíaca o cerebral”.

Manifestantes contra las vacunas y antiglobalización en una misma marcha en Roma. Foto: AP

Manifestantes contra las vacunas y antiglobalización en una misma marcha en Roma. Foto: AP

Cientos de miles de pacientes han visto postergadas operaciones quirúrgicas y controles cardíacos o cancerosos porque los hospitales están concentrados en la lucha a la pandemia.

El lector de “Avvenire” sostiene que “no es aceptable favorecer a esa pequeña minoría que deliberadamente rechaza la vacuna sin un motivo considerado valido por los médicos”.

Con razón el director del diario católico le respondió a Belluco que aunque presenta razones válidas, no se puede dejar de curar al que sufre porque “no es posible violar los límites del respeto a la persona humana”.

El debate se va haciendo cada vez más exasperado porque los incidentes continúan. En Trento un grupo antivacuna apedreó la sede de la Orden de Médicos, tras haber escrito al presidente Marco Zoppi cartas amenazadoras.

Bérgamo es la ciudad vecina a Milán que fue teatro en la primera fase de la epidemia de una acción devastadora del Covid y los italianos vieron por televisión el desfile de tantos camiones del Ejercito transportando a crematorios fuera la ciudad los cajones con los restos de las víctimas mortales de la peste.

«Nazismo sanitario»

Los antivacunas distribuyeron volantes en los que se afirmaba que es “nazismo sanitario” el pasaporte obligatorio. En las manifestaciones y carteles pegados en los muros los no vacs se asumieron como herederos de los judíos martirizados en la guerra. En las marchas muchos se ponían la estrella de David y los números que los alemanes de Hitler marcaban en los brazos de los arrestados en los campos de concentración.

Un antivacunas protesta en Londres. Foto: EFE

Un antivacunas protesta en Londres. Foto: EFE

Esta estrategia ha suscitado nuevas controversias porque las marchas no vacs han sido muchas veces lideradas por extremistas de derecha y son los grandes partidos de la diestra italiana los que se oponen a la obligatoriedad de las vacunas en nombre de las libertades individuales.

En los hospitales circulan diariamente anécdotas de médicos y enfermeras agredidas por pacientes no vacs que se niegan a curarse. Y sus parientes, que no pueden entrar debido al aislamiento sanitario, les gritan y amenazan.

Más organizados hay otros que dejan volantes amenazadores en las playas de estacionamiento de los médicos de los hospitales.

Las tensiones que han sido trasladadas dentro de las áreas anticovid en los hospitales, determinaron que en algunas regiones se dispuso crear grupos de apoyo psicológico para dialogar con los pacientes.

La sorpresa fue que médicos y enfermeros solicitaron recibir ellos tambien tratamiento por el estrés que están sufriendo.

Marcha en Milán contra el pasaporte sanitario. Foto: EFE

Marcha en Milán contra el pasaporte sanitario. Foto: EFE

Los enfermeros se consideran blanco principal de los insultos y agresiones. Algunos piden cambiar a otros sectores, agravando el problema de la escasez de médicos y personal sanitario en general.

Ana María Amato, enfermera en un hospital romano, contó su experiencia. “En noviembre de 2020 murió un paciente Covid de 95 años. Sus parientes se concentraron en la salida y agredieron al personal sanitario que abandonaba el hospital al concluir el turno, gritándonos que lo habíamos matado. Hubo agresiones físicas y debió intervenir la policía”.

El ambiente de exasperación lleva hasta elaborar una lista de consejos que circulan en las salas para ·”regular la emotividad” de los pacientes antivacuna. Se ha mejorado el sistema de pulsantes de emergencia, la doble vía de fuga, la reducción de los objetos que pueden ser lanzados, como las tijeras y los matafuegos.

El otro lado de la medalla del rechazo (“curamos también a los que nos odian”, dijo una médica), es la población sanitaria, “bombardeada de ataques y amenazas de acciones legales”, está semiagotada por casi dos años de batalla contra las cuatro oleadas de Covid que han causado más de 138 mil muertos y cientos de miles de pacientes en el sistema sanitario.

El doctor Giusppe Giarratano director de urgencias del policlínico universitario de Palermo, Sicilia, explicó que “a veces hay pocos minutos para intubar o ventilar a un paciente, tenés que elegir entre pedirle el consenso informado o salvarle directamente la vida”.

“Este es un aspecto que debe ser vuelto a estudiar, resultan necesarias nuevas normas”. El rechazo a los tratamientos de los antivacunas internados en los hospitales genera un desgaste de negaciones que “afecta nuestro propio papel y competencia que la epidemia de Covid pone a prueba”.

Esta inesperada y grave criticidad “arriesga crear una peligrosa herida entre el médico y el paciente”, concluye el doctor Giarratano.

Roma, corresponsal

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