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los singulares retratos de Pablo Bernasconi


Su biografía dirá que es ilustrador, artista, escritor, diseñador y muchas cosas más, pero lo suyo definitivamente es la química. Lo que Pablo Bernasconi consigue en sus numerosos collages, mediante la combinación, superposición y diálogo de diferentes elementos, es una alquimia nueva, un sentido que antes no estaba ahí y que ahora, tras su intervención, sí. 

Tal como pasa en los procesos químicos cuando, por ejemplo, se juntan dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno y forman una molécula de agua: separados son una cosa, juntos, otra completamente diferente.

Y entonces los fideos ya no solo serán fideos sino también la melena rubia de Madonna; una nuez pasará a ser el cerebro de Freud, un mejillón, la nariz de Caetano Veloso y un brócoli, la cabeza de Kim Jong-un, a quien de paso le agrega unos zapatos de taco -sí, de taco- porque lo hizo en un momento en que se decía que el líder norcoreano calzaba plataformas para verse más alto (o no tan bajo).

Noventa collages que son noventa retratos de personajes de todos los ámbitos y épocas reunió Bernasconi en el libro Retratos, que acaba de editar el sello Catapulta.

Constituyen la mitad de lo producido en las últimas dos décadas para medios como Clarín –donde estuvo diez años y dio sus primeros pasos– The New York Times, The Wall Street Journal, Daily Telegraph, The Times, El País, Rolling Stones, Playboy, La Nación; y también ilustró decenas de libros de escritores.

Pablo Bernasconi es reconocido en todo el mundo por su trabajo. Foto Juan Manuel Foglia

Pablo Bernasconi es reconocido en todo el mundo por su trabajo. Foto Juan Manuel Foglia

Este volumen, que además permite infinitas y lúdicas lecturas, cuyas capas de sentido se revelan en cada nueva mirada, es también un libro-objeto: tapa dura con relieve, gran tamaño, color e impresión de alta calidad.

“No solo te encontrás con detalles que no habías visto, sino con la interacción de esos detalles con otros. Hay cosas que juntas empiezan a generar química”, cuenta Bernasconi a Clarín, poco después de su llegada de Bariloche, donde vive, a Buenos Aires, comprometido con varias presentaciones conjuntas para las editoriales Catapulta y Edhasa, dos de los cuatro sellos donde publica en la actualidad.

De hecho, estos retratos ya habían sido publicados por Edhasa en dos volúmenes en formato más chico y ahora prepara un tercero donde predominan los retratos de mujeres, como el de Marie Curie.

rettratos

La analogía entre el trabajo de Bernasconi y la química viene a cuento: su mamá era química y daba clases en el Instituto Balseiro de Bariloche. Pablo nació en Colegiales, pero a los 4 años se mudó con su familia a esa ciudad patagónica. Su papá, ingeniero, es uno de los artífices de Invap, la empresa argentina de alta tecnología. Y su hermano es carpintero ebanista en Londres.

Y además su propia vida es un collage de profesiones y actividades: es diseñador gráfico egresado de la UBA, sí, pero también escritor, artista e ilustrador.

Y algo más joven (ahora tiene 48 años) ha tenido un “taller de reparación de perros” para hacerles “chapa y pintura” o más bien sanar a los suyos y los de los vecinos; fue bombero forestal en los ’90 y ha apagado varios incendios en los bosques patagónicos; es piloto de avión y de planeador –aprendió con su papá–; es buzo y hace vela.

Ha construido con sus propias manos su primera casa y ahora con amigos construyó su propia galería de arte.

Bernasconi no viene de familia de artistas sino de científicos, pero su mamá era también muy lectora, lo mismo que él, devoto de revistas como Fierro o El Tony. Podría decirse entonces que hay algo de combinación química en su arte. “Me gusta encontrar la alquimia, vincular cosas, como hacía mi mamá, componentes que solos son una cosa y juntos son otra”, explica y define sus retratos como “biografías visuales” de los personajes en cuestión.

Ilustración de Diego Maradona por Pablo Bernasconi. Gentileza

Ilustración de Diego Maradona por Pablo Bernasconi. Gentileza

Caetano Veloso, Lionel Messi, Diego Maradona, Rocky Balboa, Marilyn Monroe, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Bruce Wayne/Batman, Vinicius de Moraes, Beethoven, Mozart, Stephen Hawking, son algunos de quienes aparecen en los collages: “Condenso mucho en cada uno”, expresa, y al decir “condenso” resume y revela la clave de todo su arte.

Retóricamente, toda su creación es metáfora y metonimia. La cabeza de Steve Jobs es una manzana mordida de los dos lados, la de Maradona es una pelota de fútbol y la de Messi, un botín. Nada es inocente en estas construcciones: cada elemento dice algo del personaje, tiene información y revela algo de la opinión del propio artista sobre ese personaje: crítica, poesía, admiración, humor.

Su técnica es mixta, analógica y digital: hace bocetos, construye sus collages a mano, con pincel, con retoque digital, con partes de fotografías, en soportes grandes o chicos, a partir de un hallazgo que dispara otro como una cascada.

Ilustración de Marilyn Monroe por Pablo Bernasconi. Gentileza

Ilustración de Marilyn Monroe por Pablo Bernasconi. Gentileza

“Hay una evolución del retrato, donde voy probando cosas, ensayando, en un punto es algo muy lúdico. Por ejemplo, con Batman quería mostrar la dualidad del personaje y no me salía hasta que lo conseguí”. Hizo a Bruce Wayne de tal forma que invirtiendo la lámina la misma figura se convierte ahora en la cabeza de Batman.

“Hago una composición en fragmentos –explica el autor–, pero las hago en papel. Ahora estoy haciendo obras más grandes y en lienzo y ahí sí los detalles se extrapolan mucho, hay un redescubrimiento de las texturas contra lo plano del papel, hay un crecimiento del tacto, la gente toca las obras como toca el libro, hay una interacción, ingresa un nuevo sentido además de la vista”, revela el diseñador, finalista del prestigioso Premio Hans Christian Andersen en 2018, algo así como el Nobel infantil.

De animales y mundos

Si Bernasconi fue candidato al Nobel infantil es porque en su carrera sobresalen sus libros para chicos, como Hipo no nada, El Zoo de Joaquín o El diario del Capitán Arsenio.

Su saga más reciente es Burundi, cuyos protagonistas son todos animales que “funcionan como arquetipos de personas y que introduzcan temas ríspidos como la belleza, la mirada de los otros, las disparidades de opinión, las discusiones, las escalas sociales, la negación, el ego, el medioambiente, temas difíciles de abordar con los chicos y que a través del humor y la metáfora es mucho más permeable”.

Algunos de sus libros: "Para mover el mundo" (FCE, $1.300); "Hipo no nada" (La Brujita de Papel, $850); "Retratos" y "Burundi. De espejos, alturas y jirafas" (Catapulta; $1.290). Foto JM Foglia

Algunos de sus libros: «Para mover el mundo» (FCE, $1.300); «Hipo no nada» (La Brujita de Papel, $850); «Retratos» y «Burundi. De espejos, alturas y jirafas» (Catapulta; $1.290). Foto JM Foglia

Así, un oso polar aparece en el desierto, una lechuza es ignorante y terraplanista, un mono es fabulador, un cocodrilo es ambicioso, un conejo erudito y muchos más. La saga promete dar para largo.

Para mover el mundo, editado por el Fondo de Cultura Económica, Bernasconi tomó como disparador una frase de Noam Chomsky que resonó mucho en su cabeza durante la pandemia: “No deberíamos estar buscando héroes. Deberíamos estar buscando buenas ideas”.

Para chicos, pero también para grandes, desarrolla una serie de conceptos ilustrados como “paciencia”, “organización” y “lucidez”. Y cita también a Arquímedes: “Denme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Reflexiona el autor: “Siempre planteo miradas, desde la mayor sutileza de la que yo sea capaz, para encontrarme con lectores que tengan esa misma empatía por las cosas”.

Contar la diabetes

No son las únicas publicaciones de Bernasconi en el año. Su último libro para chicos es Miedoso, publicado por Sudamericana, su producción más íntima y personal porque habla de la diabetes de su hija Nina.

“Lo escribí en la clínica cuando a ella se le presenta la diabetes, tenés que hacer un curso acelerado de páncreas, diabetes, insulina, inyecciones, dietas, nutrición, carbohidratos y todo lo que va a venir en tu vida. Nina era muy chiquita, tenía 3 años, y le escribía ese texto a la noche para ayudarme a mí también a encarar a ese monstruo que salió de abajo de la cama y sigue estando ahí”, dice.

miedoso

En la historia es el monstruo el miedoso a salir de abajo de la cama para no enfrentar a las niñas valientes. Para el dibujante, “hay que hacerse amigo del monstruo y empezar a perderle el respeto, más allá de la seriedad que implica una enfermedad que hay que enfrentar, hay cierto lugar de transformación que es perdiéndole un poco el respeto”.

Ahora Nina tiene 10 años y está chocha con su libro. “Nunca pongo cosas personales en ningún lado –confiesa–, pero este es un libro que habla de una cosa personal de mi hija, más personal aún, una historia de resiliencia y de amor, de temor profundo», revela.

«Fue muy reconfortante abrir el juego con pediatras y otros profesionales. Es para chicos con miedos en general, a las arañas, a un accidente, a la pérdida de un familiar o a que te vaya mal en la escuela. Una parte del libro habla como de la psicomagia, como diría Jodorowsky, que es un espacio de experimentación, de encontrarte con tu miedo y transformarlo”.

La Ridícula Idea

Bernasconi acaba de abrir su propia galería de arte en Bariloche: se le hacía difícil encontrar un lugar donde exponer así que se juntó con unos amigos y construyó su propia galería: íntima, chiquita, de madera quemada y negra al estilo japonés por una cuestión de mantenimiento. Se llama «La Ridícula Idea». 

No quiere revelar dónde queda, porque, insiste, espera que el visitante esté realmente interesado en ir y haga el esfuerzo de preguntar dónde queda. ¿En Bariloche todos saben dónde está? “Bueno, me conocen bastante, si no saben dónde está, saben quién sabe”.

"La Ridícula Idea", la flamante galería de arte de Pablo Bernasconi en Bariloche. Gentileza

«La Ridícula Idea», la flamante galería de arte de Pablo Bernasconi en Bariloche. Gentileza

La intención es generar un espacio de encuentro con la gente, exponer sus trabajos obra y eventualmente venderla. ¿Arte para todos o para pocos?

“Mi obra está tan desacralizada y es tan variada que siempre hay algo que te puede gustar. Hay una falsa idea de que el arte es una cuestión de elite, caro e inaccesible. No debería ser así. Muchos artistas militamos esto de tener arte en tu casa o de regalárselo a alguien, pero es poco frecuente. Borges decía que regalar un libro era hacer un delicado elogio, ¿por qué no aplicarlo al arte?”.

PC



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