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Novak Djokovic y el extraño privilegio de ser el mejor antivacunas del mundo


Las escenas transcurren casi al mismo tiempo y en dos extremos del mapa. Lionel Messi, el mejor futbolista del mundo, se sube a un avión en Rosario y luego de presentar la prueba de PCR con resultado negativo que comprueba que ya está recuperado del contagio de coronavirus que sufrió a fin de año. El futbolista del París Saint Germain, según trascendió, tiene aplicadas las tres dosis de la vacuna. En Australia, Novak Djokovic, el mejor tenista del mundo, también está en un avión. Aterriza en Melbourne y queda demorado en el aeropuerto por un problema en su visado.

Paradójicamente, queda aislado. En una habitación sin acceso a su teléfono celular, sin poder hablar con miembros de su equipo y custodiado por dos hombres de seguridad. Las autoridades locales cotejan su documentación antes de determinar si podrá entrar o no al país. Según trasciende, la subclase de visa que el equipo de Novak pidió, no se corresponde con la que deben presentar quienes reciben una exención médica para entrar pese a no tener el esquema de vacunación completo como se exige en ese país. Y la novela sigue.

Djokovic ya se contagió de coronavirus. Fue en junio de 2020, cuando el circuito de tenis estaba en pausa justamente por la pandemia, y ofició de anfitrión de un torneo de exhibición y de una fiesta entre colegas que generó un brote en cascada y las primeras polémicas en torno a su figura y su postura sobre cómo enfrentar el virus. «Guardaré para mí la decisión sobre si seré vacunado”, resumió el número uno del mundo.

Esto es como cuando tus hijos empiezan a andar en bicicleta y les dices que se tienen que poner casco”, comparó en su momento el presidente de la ATP, Andrea Gaudenzi. “Ellos te dicen que no, que no y que no. Entonces se suben a la bici y se caen. A partir de ahí ya se ponen el casco”.

Djokovic sigue sin casco. O al menos no dice públicamente si fue vacunado o no. El asunto es que no se trata de un nene que quiere aprender a usar un juguete sino del número uno en un deporte que genera millones y que busca en su torneo fetiche (ganó 9 ediciones, entre ellas las últimas tres) alcanzar un hito: ser el tenista con más Grand Slams ganados de todos los tiempos, una marca que por ahora comparte con Rafael Nadal y Roger Federer, todos con 20 conquistas.

El último rey de Australia: Nole ganó 9 veces el Grand Slam.
Foto: REUTERS/Kelly Defina/File Photo

El último rey de Australia: Nole ganó 9 veces el Grand Slam.
Foto: REUTERS/Kelly Defina/File Photo

Australia fue uno de los países con restricciones de circulación más rigurosas para intentar frenar la propagación del coronavirus. En estos tiempos, como en casi todos los puntos del planeta, atraviesa un rebrote por la variante Ómicron que causó más de 64.000 casos en las últimas 24 horas, marcando un nuevo pico de contagios.

Las imágenes son similares a las que transmite la televisión argentina: largas filas para realizarse testeos, reclamos por la habilitación de las pruebas rápidas de antígenos y modificaciones en el esquema de aislamiento para los vacunados con esquema completo. El estado de Victoria, cuya capital es Melbourne, informó 17.636 casos en un día, un récord estatal. Allí se disputará desde el 17 de enero el primer Grand Slam del año.

Tras una larga incertidumbre, Djokovic anunció su presencia en el torneo gracias a una exención avalada por las autoridades de Salud de Australia y los organizadores del certamen. Vale subrayarlo: tiene derecho a pedirlo, analizaron su caso y autorizaron su arribo.

Aunque eso no evitó el repudio inmediato y generalizado de los habitantes de un país que afrontó más de 18 meses con fronteras cerradas y que ahora permite el ingreso con el certificado de vacunación completo.

El Gobierno contempla una serie de excepciones para poder entrar sin tener la inoculación y no tener que cumplir con las dos semanas de cuarentena establecidas. Lo que no queda claro en este caso, al menos públicamente, es si los argumentos de Djokovic encajan entre estas pautas para permitir su arribo.

Una foto del Melbourne Park de febrero del año pasado
Foto: REUTERS/Kelly Defina/File Photo

Una foto del Melbourne Park de febrero del año pasado
Foto: REUTERS/Kelly Defina/File Photo

Algunos tenistas no recibieron permiso para jugar en Melbourne Park pese a tener el esquema de vacunación completo debido a que recibieron la vacuna Sputnik V, que no está aprobada en el país. Natalia Vikhlyantseva expuso su bronca en redes sociales. La rusa de 24 años está en el escalón 195 del ranking WTA, no tiene títulos en su carrera y que apenas dos veces veces pudo ganar un partido de un Grand Slam en 11 participaciones. No hubo posibilidad de exención para ella.

«La exención de Djokovic es porque el Abierto de Australia recibirá más dinero con él y no con nosotros«, apuntó Jignesh Rawal, el entrenador del tenista indio Aman Dahiya, que tiene 17 años, pretende vacunarse pero no pudo hacerlo ya que recién en los últimos días se habilitó en su país la inoculación para menores de 18.

Se presume que el permiso a Djokovic se autorizó debido a que el serbio habría recibido la sugerencia médica de no vacunarse contra el Covid-19 porque es intolerante a la lactosa y el gluten y tuvo problemas cardíacos y episodios de asma.

«Es el tenista más grande de todos los tiempos, ha ganado 20 Grand Slams, 87 títulos y miles de millones de dólares sin que sepamos que tiene problemas médicos que lo debilitan», comentó con ironía el jugador de rugby australiano Kevin Barlett en un tuit, reflejando la indignación generalizada.

Los fans de Nole lo esperan en el aeropuerto de Melbourne. 
Foto: AP Photo/Hamish Blair)

Los fans de Nole lo esperan en el aeropuerto de Melbourne.
Foto: AP Photo/Hamish Blair)

“Al virus no le importa tu ranking”, había advertido el primer ministro del estado de Victoria, Daniel Andrews, mientras Djokovic lanzaba dardos desde Serbia. “Me parece increíble que la sociedad te juzgue en función de una vacuna y no quiero participar en una guerra que están fomentando los medios. Por eso, no voy a revelar si me he vacunado o no”, dijo el número uno del mundo cuando le preguntaron cómo pensaba resolver su presencia en Australia.

En abril de 2020, cuando el coronavirus recién empezaba a circular había sido mucho más categórico: “Me opongo a la vacunación y no me gustaría que nadie me obligase a hacerlo para poder viajar”.

Millones de personas no tienen otra opción que ajustarse día a día a las normas que impone cada país y al pulso que marcan los vaivenes de la pandemia. Claro, no cuentan con la exención de ser las mejores del mundo en su rubro. 



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