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¿Por qué hay tantos incendios forestales en el oeste de Estados Unidos?


En sólo un fin de semana, el incendio McKinney, alimentado por fuertes vientos y altas temperaturas, quemó más de 22.200 hectáreas en el norte de California, convirtiéndose en el mayor incendio forestal del estado en lo que va de año. Este incendio es sólo el comienzo de la temporada de incendios en el oeste, que tradicionalmente alcanza su punto máximo entre mediados de julio y octubre.

Todos los incendios necesitan combustible y una chispa. En el oeste, el combustible es abundante, con agujas de pino, arbustos, hierbas inflamables que se pueden prender fácilmente. Y aunque la vegetación seca de la región siempre la hizo propensa a los incendios, el cambio climático está intensificando los incendios forestales y alargando la temporada de incendios.

No hay necesariamente un aumento del número de incendios en el oeste, «pero los incendios son más grandes, más graves y duran más, por lo que la superficie total quemada al año aumenta rápidamente», afirma Morgan Tingley, ecólogo de la UCLA, que estudia los efectos de los incendios forestales en los ecosistemas del oeste.

Paisaje desolador tras el paso del fuego. Foto: David McNew / AFP

Paisaje desolador tras el paso del fuego. Foto: David McNew / AFP

¿Por qué hay tantos incendios forestales catastróficos en el Oeste? Hay cuatro factores clave.

Clima y paisaje

El oeste de Estados Unidos tiene lo que se denomina un clima mediterráneo, lo que significa que la mayor parte de las lluvias se producen durante los meses de invierno, que son húmedos y frescos. También significa que el verano, la estación más seca de la región, coincide con la más calurosa, creando las condiciones adecuadas para un incendio.

La vegetación de la región – agujas de pino, hierbas secas, arbustos – es más inflamable que las hojas húmedas de arce o haya que se encuentran en los bosques caducifolios de la costa este.

Además, los vientos estacionales de Santa Ana traen fuertes ráfagas extremadamente secas de la zona de la Gran Cuenca al sur de California, normalmente durante el otoño. Los vientos secan la vegetación y avivan los incendios forestales, pero también pueden derribar las líneas eléctricas y transportar brasas, propagándolos más lejos.

Llamas junto al río Klamath, en el Klamath National Forest, en California. Foto: David McNew / AFP

Llamas junto al río Klamath, en el Klamath National Forest, en California. Foto: David McNew / AFP

Después de miles de años, la vegetación del oeste se ha adaptado a los incendios frecuentes. Algunos pinos desarrollaron conos gruesos, conocidos como conos serotinos, que están pegados con una fuerte resina. Para reproducirse, estos árboles necesitan incendios, que derriten la resina, permitiendo que los conos se abran y liberen semillas.

Sin embargo, los incendios forestales en el oeste de Estados Unidos llegaron a ser tan extremos que algunas especies de árboles, como la secuoya gigante, que han evolucionado para coexistir con los incendios durante miles de años, están muriendo en cantidades sin precedentes.

El cambio climático

Los incendios forestales están indivisiblemente relacionados con el cambio climático, que está haciendo que el oeste sea más cálido y seco.

El registro oficial de incendios del gobierno de California se remonta a 1932, pero nueve de los 10 mayores incendios forestales del estado se produjeron en la última década, incluido el incendio de August Complex, el mayor de la historia de California, que quemó casi medio millón de hectáreas de tierra en 2020.

El Oeste se ha calentado 1,5 grados Fahrenheit promedio en comparación con lo que sucedía hace un siglo. Las temperaturas más altas y la falta de lluvias mataron las plantas pequeñas, secaron la vegetación y provocaron que los árboles de hoja caduca se desprendan de sus hojas antes en la temporada.

Un gatito sobreviviente de los incendios se esconde entre las rocas. Foto: David McNew / AFP

Un gatito sobreviviente de los incendios se esconde entre las rocas. Foto: David McNew / AFP

«Todo esto se combina, por lo que se tiene un buen combustible en el suelo, aire caliente y falta de precipitaciones», dijo Tingley, lo que hace «mucho más probable que cualquier lugar tenga las condiciones adecuadas para que se inicie un incendio».

El cambio climático también está alargando la temporada de incendios, que ahora empieza antes en el año y dura más. En promedio, la temporada de incendios se prolonga dos meses y medio más que en la década del ´70.

Supresión de incendios

Antes de la colonización moderna del oeste americano, que comenzó en la década de 1860, las tierras boscosas ardían de forma natural a causa de las chispas de los rayos o de forma intencionada por las comunidades nativas como forma de mantenimiento de los bosques.

Sin embargo, a partir del siglo XX, el oeste de Estados Unidos adoptó una política de extinción agresiva de incendios, lo que significaba que éstos se apagaban lo antes posible. En 1935, el Servicio Forestal de EE.UU. instituyó la «política de las 10 de la mañana», cuyo objetivo era contener cualquier incendio antes de las 10 de la mañana del día siguiente a su notificación inicial.

El tipo de vegetación también contribuye a incendios más graves. Foto: David McNew / AFP

El tipo de vegetación también contribuye a incendios más graves. Foto: David McNew / AFP

Esta práctica hizo que los bosques fueran cada vez más densos y que hubiera mucha maleza en el suelo del bosque. Como resultado, los bosques acaban siendo «polvorines» para incendios más explosivos, dijo Jennifer Marlon, científica investigadora de la Escuela de Medio Ambiente de Yale y creadora de la base de datos Global Paleofire, una colección de registros del historial de incendios.

«Cuando los combustibles están empaquetados más densamente, arden más rápido y con mayor intensidad», dijo Marlon.

Los expertos afirman que la supresión de incendios también cambió el suelo del bosque, haciendo que los incendios sean más graves. Ahora hay más arbustos y especies arbóreas que toleran el fuego, como los abetos blancos, en las zonas más bajas.

Los abetos blancos tienen agujas que suben por sus troncos y que sirven de escalera hasta el dosel, creando incendios de copa que son los más difíciles de contener y los más mortales para los árboles.

En los últimos años, la lucha contra los incendios se orientó hacia el uso de las «quemas prescriptas» o controladas, para tratar los terrenos propensos a los incendios mediante la liberación de su maleza.

El año pasado, el Servicio Forestal utilizó los incendios prescriptos en una superficie récord de 730.000 hectáreas de tierras federales.

La agencia espera aumentar las operaciones en todo el país en los próximos años, pero la reacción pública a esta práctica se incrementó. Los opositores señalan que los incendios prescriptos a veces se salen de control, como los de Nuevo México a principios de este año.

Asentamientos humanos

A medida que la población del oeste fue creciendo, también se incrementó el riesgo de provocar un incendio forestal.

La mitad de los incendios forestales son provocados por rayos. La otra mitad, por el ser humano, ya sea de forma indirecta (cables eléctricos derribados o chispas de un tren al presionar las ruedas contra las vías) o de forma directa (colillas de cigarrillos arrojadas, coches incendiados y fogatas).

Los incendios forestales provocados por la actividad humana se propagan más del doble de rápido y matan más árboles que los provocados por un rayo, según una investigación presentada en la reunión de 2020 de la Unión Geofísica Americana. «En los lugares en los que vivimos los humanos, creamos oportunidades para que se produzcan incendios», afirmó Tingley.

The New York Times

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