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¿Rusia planea invadir Ucrania? Las inquietantes advertencias de Estados Unidos


La crisis migratoria en la frontera entre Polonia y Bielorrusia puede ser un juego de niños comparado con lo que podría venirse entre Rusia y Ucrania.

Fuentes de la Unión Europea contaron días atrás que Estados Unidos había advertido a Europa que Rusia podría estar preparando una invasión de Ucrania.

Moscú se hizo en 2014 por la fuerza con la provincia ucraniana de Crimea y empezó a apoyar con armas y hombres a los separatistas armados prorusos del sureste ucraniano. Desde entonces Rusia está bajo un régimen de sanciones europeas y estadounidenses. La información aparece justo el día en que la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, estaba en Washington con el presidente Joe Biden.

Estados Unidos está vigilando desde hace semanas cómo Rusia acumula tropas y medios militares cerca de la frontera con Ucrania. Las fuentes europeas aseguran que el mensaje de los estadounidenses es que esa acumulación de medios militares no se justifica en maniobras actuales o futuras sino en una medida para presionar o amenazar a Ucrania.

O directamente en una preparación para invadir partes o la totalidad del país que fue parte de la Unión Soviética hasta su disolución. Rusia asegura, según sus agencias, que sus movimientos militares dentro de su territorio son un asunto interno del que no tiene que dar explicaciones.

Los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, en un encuentro en Moscú en septiembre. Foto: REUTERS

Los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, en un encuentro en Moscú en septiembre. Foto: REUTERS

Visita llamativa

Este movimiento de tropas hacia la frontera ucraniana llega también pocos después de una extraña visita, la del director de la CIA Bill Burns a Moscú. La pasada primavera la OTAN acusó a Rusia de amontonar unos 100.000 hombres, tanques y cazabombarderos en la frontera con Ucrania. Después de aquella crisis, los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin se reunieron y calmaron una situación que parece volver a encenderse.

La alemana Angela Merkel también habló esta semana con Putin sobre la situación en Ucrania y Bielorrusia.

Merkel, a quien le quedan semanas antes de ceder el poder al próximo jefe de gobierno alemán, el socialdemócrata Olaf Scholz, escuchó como Putin protestaba porque Ucrania estaría usando drones armados sobre Crimea y sobre la zona del sureste ucraniano que controlan los separatistas pro-rusos.

Moscú también asegura que navíos militares estadounidenses navegan por aguas del Mar Negro violando acuerdos previos.

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El Kremlin aseguró el jueves que no tiene ninguna intención de iniciar una guerra contra Ucrania pero que debe mostrar que sus Fuerzas Armadas están preparadas para cualquier eventualidad.

El portavoz del Kremlin también dijo que sus planes se limitan a hacer frente a provocaciones ucranianas, pero fuentes europeas explicaban este jueves que el despliegue militar ruso, al contrario que con unidades regulares y a la luz del día como en primavera, se estaba haciendo ahora con unidades de élite y de noche.

Tensión creciente

Las advertencias de Washington llegan justo cuando se calienta la situación en la frontera entre Bielorrusia y Polonia.

Minsk y Varsovia juegan una partida de ajedrez de alta tensión en la que las piezas son miles de migrantes árabes acarreados desde sus países hasta Minsk por el régimen bielorruso. En esa crisis Europa ve la mano de Moscú.

Alexander Lukashenko, el presidente bielorruso conocido como “el último dictador de Europa”, intenta con esa estrategia presionar a la Unión Europea para que elimine las sanciones que le impuso por su deriva autoritaria y la represión de la oposición política.

«Guerra híbrida»

Polonia, que viola también la legislación europea e internacional al impedir que esas personas crucen la frontera y pidan asilo, habla de “guerra híbrida”.

Lukashenko empezó a enviar pequeños grupos de migrantes la pasada primavera. Lo hizo en primer lugar hacia la frontera lituana. Vilnius está apenas a 30 kilómetros de la frontera bielorrusa. Lituania reaccionó abriendo campos de recepción y pidiendo ayuda financiera a Bruselas. Lukashenko empezó entonces a enviar refugiados hacia la frontera polaca y ahí sí mordió.

Polonia construyó vallas y mandó a miles de soldados a sellar la linde. Ante esa situación, Lukashenko lanzó este lunes a más de 2.000 personas hacia esa frontera provocando lo que Polonia llama “la peor crisis del país en 30 años”. El gobierno polaco usa la crisis para que Bruselas y sus socios europeos cierren filas y dejen de lado el asunto de la eliminación de la independencia judicial en el país.

El gobierno polaco impide el acceso a la frontera a ONGs y periodistas alegando que serían víctimas de las campañas de desinformación de Bielorrusia y Rusia.

Un campo de refugiados en la región de Grodno, en Bielorrusia, cerca de la frontera con Polonia. Foto: AFP

Un campo de refugiados en la región de Grodno, en Bielorrusia, cerca de la frontera con Polonia. Foto: AFP

Pero los pocos testimonios independientes que logran sacar periodistas polacos desde la región hablan de personas muertas de hambre y frío en la frontera, de ataques con gases lacrimógenos a grupos de familias de migrantes y de expulsiones que no respetan la normativa europea de permitir que esas personas soliciten asilo.

Al otro lado los testimonios recogidos por agentes y cadenas de TV internacionales aseguran que los migrantes son vigilados de cerca por personal del servicio secreto bielorruso, que se les impida volver atrás y se les empuja hacia la frontera polaca y que apenas se les da comida o cobijo cuando las temperaturas en la región ya bajan de cero cada noche. La mayoría de esas personas son kurdos de Iraq y sirios.

Los expulsados de vuelta por Polonia son dejados en tierra de nadie, en los bosques, a su suerte. El Parlamento polaco legalizó esa práctica el 14 de octubre, violando así la Directiva Europea de Asilo y la Convención de Ginebra de Refugiados.

La OTAN vigila la situación fronteriza y Varsovia ya movilizó más de 15.000 soldados para controlar una frontera de más de 400 kilómetros mientras Rusia, aliado de Bielorrusia, movilizó bombarderos de largo alcance para vigilar el perímetro fronterizo.

Bruselas amenaza a Bielorrusia con más sanciones e intenta impedir que Lukashenko siga acarreando familias enteras de refugiados desde casi una veintena de países.

La Comisión Europea aprobará esta próxima semana más sanciones mientras Minsk amenaza con suspender el tránsito de gas ruso por su territorio desde Rusia hacia Europa.

Bielorrusia presiona con migrantes porque sabe que Europa no tiene un acuerdo interno para repartirlos y porque la llegada masiva de migrantes en 2015 y 2016 provocó una de las mayores crisis de la historia del bloque. Europa se expone así al chantaje de regímenes “gangsteriles” (en palabras de una portavoz de la Comisión Europea) como el de Alexander Lukashenko.

El primer ministro polaco Mateusz Morawiecki acusó el martes al presidente ruso Vladimir Putin de estar detrás de la crisis y dijo que la actitud de Bielorrusia es de “terrorismo de Estado”.

El Kremlin dijo que esas acusaciones eran “irresponsables”. Muchos creen que Moscú está detrás o que, al menos, podría frenar la crisis. Merkel también pidió a Putin que “actuara contra la instrumentalización inaceptable e inhumana” que se hace con los migrantes. Dimitri Peskov, portavoz del Kremlin, dijo que “Rusia no tiene nada que ver con lo que está pasando en la frontera entre Bielorrusia y Polonia”.

Bruselas, especial

CB



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