viernes, enero 28Adrogue - Buenos Aires - Argentina

Una nueva derrota del Gobierno, el retiro espiritual de Larreta y la amenaza a los gobernadores



La oposición le prepara otra paliza al Gobierno

La oposición presume en estas horas de tener asegurado el quórum para propinarle otra derrota al Gobierno: la sanción de la baja del impuesto a los Bienes Personales que impulsó el peronismo anterior al 24-N, pero que ahora – con la ligereza habitual de esa fuerza – rechaza, después de la derrota electoral. El frente opositor, con la ausencia de la izquierda, mantiene los 130 votos de la moción de Cambiemos para acelerar el tratamiento de este proyecto en la última sesión. Con eso tienen quórum y el voto para aprobarlo y darle la puntilla al oficialismo. Dar la puntilla, en la jerga de los toreros, es ejecutar al animal ya herido de muerte por la espada. Equivale a rematar a la bestia.

Necropsia del peronismo del día después

La derrota del viernes es otro testimonio de la debilidad de un gobierno que tiene ahora que recorrer el circuito y remediar los dos motivos de ese raquitismo: 1) la divergencia de proyectos entre los socios en el vértice del poder que gobierna desde 2019; 2) la crisis de liderazgo del peronismo, padecimiento que lleva ya 20 años – el último líder indiscutido fue Carlos Menem. Lo que vino después fue transa entre las tribus. Los machos del periodismo de filtración – parodia del periodismo de investigación – se timbean en estas horas con especulaciones sobre tácticas y estrategias del oficialismo para tejer este cataclismo, como si existiera en esa derrota alguna ventaja. Que nadie las imagine porque no la hubo. Maxi Kirchner no entró al bazar con sobrepeso elefantino para descolocar a los socios – Alberto, Sergio y Guzmán. Tampoco Massa apostó tanto para medrar con las divisiones imaginarias de Cambiemos, que lo gozaron haciendo de policías buenos y policías malos hasta enloquecer al oficialismo.

Equivale a un voto de censura

Si la Argentina tuviera un régimen parlamentario – como quería el Alfonsín reformista de 1994 -, después de la sesión del Presupuesto, el gobierno hubiera caído y el Congreso llamaría a nuevas elecciones. Aquella reforma intentó avanzar a ese formato, pero ganó el presidencialismo decimonónico. Según Alfonsín era la manera de evitar las interrupciones institucionales provocadas por los fracasos de gestión. Pensar en esa posibilidad no es fantasioso: el rechazo del presupuesto equivale en los sistemas parlamentarios a un voto de censura sobre la gestión del Ejecutivo. En la sesión que terminó en la mañana del viernes, ocurrió algo poco frecuente: la oposición de todos los colores, desde los troskos hasta los antisistema, de izquierda a derecha, pasando por los normales, votaron juntos contra el oficialismo. Un gobierno que había ganado las elecciones de 2019 holgadamente no pudo impedir el infierno tan temido y que Eduardo Duhalde ilustró en esta máxima: nunca dejés que se junten todos tus enemigos y hagan fila para cachetearte.

Otra ley que quiebra el gobierno es ésta: cuando gobernás te podés llevar la plata y la política, si sos oposición, podés llevarte la plata o la política; acá gobiernan y no se llevan ni la plata ni la política.

Para Larreta, que lo mira por TV

La UCR está más allá de las humanas miserias, le tiran una bomba atómica y rebota. Gerardo Morales estrenó jefatura partidaria con una peregrinación sin escalas hacia Acassuso, en donde se sacó una foto-emblema con Mauricio Macri. Una imagen sin repreguntas porque Macri partió hacia La Angostura hasta finales de enero. La mansedumbre del encuentro es un giro histórico. Comenzaron su relación en agosto de 2014 con una discusión casi violenta en el hotel Alto la Viña de Jujuy. Se tiraron de los pelos con reproches. Esta vez fueron mieles. Para Horacio, que lo mira por TV.

Larreta fue una de las víctimas del resultado de la elección de Morales en el Comité Nacional de la UCR porque apoyaba la chance de Martín Lousteau, que perdió. Es el costo de la firmeza de la alianza porteña con la UCR. Larreta entiende que Morales lo atacó como adversario porque necesitaba llegar al cargo en UCR, pero que ahora las relaciones mejorarán. Tiene lazos directos con él a través de Diego Santilli, que pacificó a Macri y Morales allá en 2014, en una segunda cumbre en Purmamarca.

El refugio del coaching espiritual

La racionalidad del sector Lousteau no tiene discusión. Están forzados a defender su territorialidad, que es la sociedad con Larreta para el cogobierno de la CABA. Es valiosa y es algo que no se cambia por nada, ni siquiera por una sociedad con el radicalismo del interior que recela de todo lo que se hace en el AMBA. Larreta sostiene la relación, pero no abre la boca para no perder referentes en el interior, que los tiene. Apoyó a Lousteau en todas sus apariciones en la campaña por las PASO y compartió con él victorias y derrotas- más derrotas que victorias. En esta semana de reordenamiento de fuerzas para adaptarse a la realidad poselectoral, Larreta salió del escenario. Se encerró junto a una treintena de funcionarios de su gobierno para dos días de coaching espiritual en una casa de retiros de Luján – Casa de María.

Allí Paula Uhalde, que ejerce un cargo con sesgo ontológico – es Secretaria de Transformación Cultural – sometió a los asistentes a una batería de dinámicas de grupo sobre temas de la administración comunal.

Hubo asado a la noche y un mensaje con consignas a cargo de Larreta. La síntesis es que: 1) el ciclo que se cumple en 2023 es de 16 años de un mismo proyecto, o sea Macri-Larreta; 2) el activo del PRO es la gestión en la Ciudad, que hay que proyectar al orden nacional. No se habló de campañas, pero las presencias definieron el cerco. Estaban Jorge Macri y Diego Santilli, pero no fueron ni María Eugenia Vidal ni Patricia Bullrich, presidente del PRO nacional. Quien quiera oír que oiga. La Casa de María es una capital del Coaching Espiritual. La presencia de esa colectividad política en sus salones habrá motivado alguna suerte de exorcismo o limpieza para disipar los humores negativos de la política.

“Juntá los votos”

El final de la elección en la UCR deja tramas abiertas: 1) hubo acuerdo para conformar una mesa avalada por la unanimidad de los delegados. Si iban a una votación, el sector Morales, que tenía los 2/3 de los votos, hubiera apabullado a Lousteau. Prefirieron que la noticia fuera la elección del jujeño por unanimidad; 2) la contraparte fue que el sector Lousteau se aviene a volver a un bloque unificado bajo el mando de Mario Negri. El debate sobre la conducción del interbloque queda para marzo. Es como discutir la propiedad de un lote en la Luna, porque el único dirigente que tiene los votos para ser el jefe del interbloque es Negri, apoyado por la mayoría de UCR, la Coalición y parte del PRO. Lousteau querría que fuera para De Loredo, que se calificó como un Figuretti al dinamitar la sesión del jueves sólo para hablar después de su adversario Negri.

El cargo de jefe del interbloque es una vocería clave porque ha convertido a Negri en el jefe de la oposición en el Congreso. Si alguien de afuera quiere hablar con la oposición, tiene que tocarle el timbre a Negri, que se ampara bajo el lema «Juntá los votos». Él los tiene, desde hace tiempo. Ernesto Sanz bromea con que los coleccionistas de documentos históricos pujan por las reliquias más valiosas, como el borrador de las tablas de Moisés, las cartas de San Martín a Remedios de Escalda, la servilleta de los jueces de Corach, o los papelitos en los que Negri ha juntado, cada dos años durante largo tiempo, los votos de la mayoría para ser jefe del bloque.

Un interbloque en busca de autor

Lo más probable es que en marzo no haya más jefe del interbloque, que la oposición que junta a los bloques de Cambiemos se organice como una cooperativa de caciques entre quienes Negri tendrá una precedencia de facto. Morales coincidió en su encuentro con Macri con la idea de darle más importancia a una nueva mesa de Cambiemos, en la cual cada uno de los partidos tenga una cantidad de delegados y que los partidos decidan quiénes serán. Una mesa libre de las presiones del casting mediático. Antes de ser elegido presidente de la UCR conversó en los mismos términos con Maxi Ferraro y Maricel Etchecoin, caciques de la Coalición. El liderazgo que tiene hoy es pretendido por muchos en tiempos de casting preelectoral, pero es una construcción personal que lleva 6 años. Se debe ese liderazgo la unidad de la oposición en el Congreso. La novedad es que a Negri se lo acosa por lo que es y no por lo que hace, una situación costosa para un político, porque lo deja indefenso.

Sus adversarios temerán, quizás, que se postule a algún cargo más que importante en 2023, y buscan sacarlo de la cancha. Tiene razón en enojarse porque lo ponen en el centro del debate por lo mejor que hecho en estos años, que es conducir el interbloque. Seguramente lo seguirá haciendo, sin cargo: más trabajo para él.

La odisea de los padrinos

Entre los casos sueltos quedan explicaciones pendientes. Una es el rol de Enrique Nosiglia, quizás el dirigente radical más importante y a quien le atribuyen respaldar a Lousteau-Yacobitti en la puja por la conducción del partido. Baquianos radicales relativizan ese rol. Su autoridad no se manifestó en la superficie y si algo hizo, fue no frenar el impulso de los radicales porteños. Hay que desentrañar el sentido del rechazo de sus presuntos delegados en la negociación final. Ocurrió el jueves por la noche en las oficinas de Daniel Angelici en Carlos Pellegrini al 800. Estaban los negociadores de Gerardo Morales, Ángel Rozas, Ernesto Sanz, Willy Hoerst y el senador correntino Eduardo Vischi. Del otro lado de la mesa, Angelici, Loustau, Yacobitti y Alfredo Cornejo. Los visitantes propusieron: ¿porque no viene Coti? Angelici los cruzó: A esta oficina no entra. Les quedó a todos bien claro lo oscuro de todo eso. Los moralistas esperaron esa noche a su jefe (demorado en un canal de TV) en el café Exedra, de Córdoba y Pellegrini, y hubo un segundo round en esa misma oficina el viernes a la mañana, pero ya con Morales presente y Sanz ausente – había regresado a Mendoza. De paso, cómo se va a aponer Lilita cuando sepa que todo se urdió en la oficina del “Tano”.

Carrera de cuentapropistas

El revés del gobierno en el Congreso es consecuencia de que ninguno de los mecanismos tácticos que urdió el peronismo para sacar un presupuesto funcionó, porque están cortados los lazos de convivencia en el propio oficialismo, y entre éste y la oposición. Los conflictos se resuelven en una carrera de obstáculos entre cuentapropistas del poder. El oficialismo, primera minoría en las dos cámaras, paga el costo del fracaso. La oposición, embalada en el optimismo desde el 24-N ni atinó a reunir a la mesa nacional de Cambiemos para decir algo del proyecto de presupuesto, cuando antes lo había hecho para pronunciarse sobre temas bastante menores. Ni le hizo falta hacerlo para provocar el revolcón.

Ahora Massa amenaza a los gobernadores

Es indemostrable que el oficialismo hubiera preferido el fracaso de la sesión para incriminar a la oposición o para descolocarlos a Alberto o a Guzmán. Confió en lo que queda de las relaciones entre el peronismo del AMBA, que gobierna la Nación, y el de los gobernadores o peronismo territorial. En los días previos a la sesión, más de una decena de mandatarios provinciales visitaron la casa Rosada – Alberto, Manzur – y el Congreso – Massa, Maxi -, para asegurarse las partidas que podían obtener.

Hubo forcejeos duros en los cuales los territoriales lograron multiplicar por dos el monto de los subsidios al transporte. «Tengo en mi provincia un boleto de $40 cuando en el AMBA cuesta $12», reclamaba Sergio Uñac. Con eso lograron que la partida de subsidios escalase de $ 27.000 millones a los $ 46.000 millones, con un aumento del 70% de la ayuda para ese rubro en el interior. Los gobernadores negociaron con éxito sus partidas, pero se les reclamó una contrapartida: 1) que asegurasen el voto de los legisladores que les responden; 2) que convenciesen a los mandatarios y legisladores de la oposición de apoyar el nuevo presupuesto, que en una semana aumentó partidas por $ 180.000 millones. Esa misión fracasó en toda la línea. La oposición sostuvo, después de casi 48 horas de negociaciones, los 132 votos de rechazo con los cuales inició el debate. No perdió uno solo, y pudieron ser 133 (Álvaro González del PRO estaba de viaje). El peronismo no pudo aumentar los 122 votos con que los que había arrancado. Peor aún, perdió uno, porque el santacruceño disidente del cristinismo, Claudio Vidal, se abstuvo. La explicación está en: 1) el cóctel que mezcló la negativa del voto opositor contra el proyecto y 2) la reticencia de los gobernadores peronistas en jugarse demasiado a favor. Ahora Massa señala a los gobernadores todo lo que perderán sin ese sobregasto de $180.000 millones. La minuta que distribuyó este domingo con el recuento de daños – el detalle de las ventajas que pierden sin el proyecto y con la baja de ganancias – es una amenaza que busca deslindar al peronismo del AMBA de responsabilidades.

El daño de un liderazgo disfuncional

En punto a liderazgo, el peronismo volvió a pagar la factura. La dispersión en la cúpula es una disfuncionalidad, en una fuerza que tiene una enorme eficacia en nivel subnacional para representar a su electorado en provincias e intendencias. La contracara de esa eficacia en el control subnacional es la dificultad para ejercer el poder en el orden nacional. Lo demuestra el cuadro de las elecciones de 2021: gobernadores que ganan elecciones y reelecciones en sus provincias sin dificultad, fueron arrastrados a derrotas históricas por comprometerse con unos comicios que el peronismo emprendió como un plebiscito de la presidencia de Alberto Fernández. Por jugar esa ficha, perdieron todos. El final de la sesión es una anécdota que refleja esta crisis de liderazgo. El bloque de Diputados debió sacar el presupuesto: bastaba con negociar con la oposición, como hacen todos los gobiernos. Hasta Macri logró aprobar el presupuesto de 2019, el más negociado de la historia, porque contenía el acuerdo con el FMI. El interés del gobierno chocó con el vedetismo del presidente del bloque, Maxi Kirchner, que se subió a los parlantes y, en tono a go-gó (guglear) descalificó la táctica negociada de mandar el proyecto a comisión para nuevo dictamen en una semana. Se enardeció ante el discurso de Rodrigo de Loredo – un debutante -, insultó a la oposición y hundió a su gobierno en el hoyo del fracaso, a un costo altísimo, hacia dentro y hacia afuera. Le regaló, además, un triunfo a la oposición que en esos momentos caminaba por la cornisa, por los forcejeos de poder entre los radicales.

El interés privado por sobre el colectivo

Ese exabrupto no tiene explicación estratégica ni táctica. Sólo la intención de Maxi de destacarse del conjunto, revestir su figura de alguna pompa en las horas previas a la asunción polémica en el PJ de Buenos Aires. Pareció no importarle agraviar el interés colectivo de su fuerza, con tal de salvar su interés personal. Es difícil que un partido pueda mantenerse en el poder si confía la jefatura de su bloque a un diputado que actúa por delegación materna y, por esa razón, pondera más el interés privado que el colectivo. Por ser un delegado familiar no le rinde cuenta a nadie, no tiene que explicar nada en ninguna unidad básica, porque no trabajó para construir su poder y lograr una banca o el cargo de jefe de bloque. Es disparatado que una fuerza de la envergadura territorial del peronismo, que además tiene dirigentes de sobra en todos los niveles, a la hora de armar un liderazgo actúe con esa frivolidad de ceder el mando a dignidades de monarquía. Esta quiebra del liderazgo de una de las disfuncionalidades cuyo costo paga cada ciertos años el peronismo. Va de la mano de la construcción negativa de poder, que se basa en la destrucción del compañero como condición para el crecimiento propio. El tratamiento que se dan los peronistas entre sí es de una dureza que no tienen con los adversarios de otros partidos. Es, claro, la condición para la arquitectura hegemónica del partido, una catedral del dedazo que lo suele llevar a la derrota. En Buenos Aires, el autoritarismo del armado de listas únicas en las PASO de septiembre pasado fue una de las causas de la derrota ante Cambiemos.

“Animal sin peso no tiene precio”

Este cataclismo obliga al peronismo a una reorganización interna si quiere ser competitivo en 2023. Jorge Capitanich recorrió la semana anterior los despachos del AMBA y dejó nuevas versiones de su proyecto de reforma del partido: institucionalización del Frente con el PJ como uno de los integrantes y el mando a través de una mesa federal. «Tenemos raquitismo político», explicó en los despachos de Manzur, de Massa y de otros. «Tenemos que generar competencia interna para ser, a su vez, competitivos hacia afuera en 2023». Ilustró sus argumentos con metáforas de penetrante aroma agropecuario: «Animal sin peso, no tiene precio. Si no lo engordamos, en Liniers no vale nada”.



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